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A PARTICIPAR SE APRENDE PARTICIPANDO

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El movimiento vecinal en nuestra ciudad comienza en la década de los años setenta, es la llamada “primera época”, y cuenta con un número muy importante de personas que tienen una trayectoria ideológica marcada principalmente por la falta de libertades y por los problemas generados por una inadecuada gestión urbanística.

Debo señalar que yo no me encuentro entre las mujeres históricas del movimiento vecinal. Mi incorporación a la participación  en una Asociación de “segunda época” estuvo influida posiblemente porque mi infancia y educación discurrió en un barrio rural en plena época franquista, en un ambiente convencional en mi familia, sin ideologías marcadas, cuya mayor preocupación era la misma que la de todos en ese momento histórico: el trabajo, muchas horas de trabajo.

Mi primer acercamiento a las cuestiones sociales surge a través de las preocupaciones laborales, aproximadamente a los dieciocho años, cuando trabajaba cuarenta y ocho horas semanales en comercio y se comenzó a proponer  la posibilidad de guardar fiesta los sábados por la tarde o los lunes por la mañana. Mi relación no fue ni significativa ni continua en el tiempo, pero sí recuerdo pasar miedo y dificultades a la hora de pegar carteles o al tener que disolvernos en una de las reuniones en el parque Macanaz porque los grises se dirigían hacia nosotros. Repaso con grato recuerdo unos cuantos encuentros en casa de personas españolas recién llegadas del extranjero, lo que nos contaban de su trabajo, de cómo habían conseguido mejoras laborales; eran cuestiones completamente nuevas para mí. Podía haber continuado asistiendo a aquellas reuniones, pero posiblemente mi poca trayectoria política y el peso o el miedo de mi familia pudieron más que mi motivación.

Retomé el interés por la participación al independizarme: sí que es cierto que la primera  idea era la incorporación a la Asociación de Vecinos de nuestro barrio, pero con gran asombro, cuando intentamos incorporarnos, la actividad del movimiento vecinal en Delicias se había aletargado.

De mi experiencia participativa relataré los temas más señalados por su larga trayectoria en el tiempo, sabiendo que se quedarán sin mencionar algunos de los asuntos importantes para la Asociación y también para mí.

La historia de mi participación en  el movimiento vecinal va unida a la de mi pareja Pepe Luis Zúñiga, a mis hijos, y a la de mis compañeros y compañeras de Asociación, por lo que comentaré momentos en los que he intervenido tanto directa como  indirectamente.

Pasados varios años después de mi maternidad, surge una nueva oportunidad en junio de 1986. Personas cercanas a la guardería de mi hija nos convocan a una reunión “muy importante” para el barrio: “hay que acudir a esta convocatoria, en esto va el futuro de una parte importante de Delicias”. De esas primeras reuniones surge la idea de organizar la Asociación de Vecinos de Delicias “Manuel Viola” recogiendo el testigo y la experiencia de las anteriores Asociaciones. En noviembre del mismo año se convoca la Asamblea constitutiva con gran asistencia, se desborda la sala y se realiza la primera gran inscripción de socios. El momento era crucial, la modificación del Plan General de Ordenación Urbana se saltaba los acuerdos llegados con las Asociaciones anteriores, y planteaba la edificación de mil trescientas cuarenta y seis viviendas propuestas por la DGA en los terrenos del Hospital Psiquiátrico.

Yo iba conociendo los avances; y salía a la calle con el cochecito de mi hijo pequeño que entonces tenía un año, con la mesa plegable y el caset en el que sonaban canciones de cantautores como reclamo, a informar a los vecinos y vecinas “sobre la que se nos avecinaba”  y a captar socios, en el más tradicional de los sentidos.

En las reuniones mantenidas con los políticos no se consiguió llegar a acuerdos, forzando a organizar en diciembre de 1986 la primera manifestación para mostrar a las instituciones nuestro descontento y nuestras reivindicaciones. Fue mi  primera vivencia organizando un evento de esas dimensiones: pintada de  pancartas, pegada de carteles, frases para las cartulinas que después se colocaban en soportes, difusión de información, estar en la organización el día de la manifestación… “Sobre todo bien esponjados, que pareceremos más”, decíamos. La manifestación fue todo un éxito y tuvo su repercusión: bajaron el número de viviendas dejándolas en seiscientas. La Asociación tampoco estaba de acuerdo con esa cifra pero es cierto que habíamos conseguido un primer logro que nos animaba a continuar.

Unida a esta manifestación se realizaron diversas acciones para que desapareciesen las viviendas y se planificasen los equipamientos:
– Otra manifestación por el barrio en marzo de 1988: “por las seiscientas tampoco”.
– Expulsión del Pleno de las Cortes Aragonesas el día en que se votaban las viviendas. Un grupo de personas de la Asociación acudimos a las Cortes con un gorro en el que se leía: “600 tampoco”. Por supuesto nos invitaron a salir, pero habíamos conseguido que la opinión pública conociese nuestra propuesta.
– Asamblea informativa y recogida de propuestas con la participación de más de cuatrocientas personas y la asistencia del Justicia de Aragón.
– Acampada en una de las esquinas del Psiquiátrico, junto a otras entidades y asociaciones del barrio, con más de cuarenta tiendas de campaña.
– Encierro de una noche en el pabellón del Carmen para demostrar las condiciones de uso en que se encontraba dicho pabellón.

Dos eran los temas prioritarios en un primer momento: el parque para Delicias y las personas que residían en el Psiquiátrico. Desde el principio la información y la formación han sido una constante en nuestra asociación, sabemos que los políticos pueden intentar “ganarnos”, por lo tanto hubo que repartir tareas: unos profundizar en cuestiones urbanísticas y otros en la reforma psiquiátrica. A mí me tocó el segundo tema, debido a que  me habían “adjudicado” las cuestiones relacionadas con la  salud y con los servicios sanitarios.

En 1989 surge la posibilidad de presentarnos al concurso de ideas para el Parque organizando en Delicias una coordinadora:”El parque: un espacio para la salud”, con la participación de un importante número de entidades, asociaciones e incluso instituciones del barrio. Unida a la coordinadora comienza a trabajar el equipo redactor del proyecto. Fuimos a Trieste (Italia) para conocer una experiencia parecida a la que estábamos trabajando. Alquilamos una furgoneta, le pusimos los carteles con nuestro lema y recorrimos cuatro mil kilómetros en cuatro días para enterarnos de cómo se había desarrollado el proceso.  Esta experiencia vivida en primera persona fue agotadora y  enriquecedora al mismo tiempo. Dormimos en un pabellón del psiquiátrico, conversamos con Franco Rotelli, precursor de la reforma psiquiátrica europea… Conocimos la trayectoria de la reconversión de un psiquiátrico en parque y cómo los pabellones cambiaron sus funciones pasando a ser apartamentos tutelados. Se tomó nota de la filosofía  y el desarrollo de la reforma y lo plasmamos en el diseño del parque.

Era difícil, bueno muy difícil, ganar el primer premio, ya que desde la Asociación se mantenían todos los pabellones, la mayor parte del arbolado; se  proponían jardines relacionados con las tres culturas de nuestra ciudad, la representación de  símbolos importantes en el nacimiento del barrio como el tranvía… Estos elementos se contraponían a lo que algunos políticos planteaban, que llevaba cemento en abundancia. Después de la decisión del jurado (nuestro proyecto no fue el ganador, quedamos los segundos), los políticos nos dijeron que el parque se hacía, pero no nos advirtieron a qué velocidad se hacía.

Me he llevado muchas sorpresas en esta experiencia. En las primeras reuniones con los políticos, mis compañeros me tenían que repetir y casi convencer de que todo lo que nos habían prometido no iba a ser así. No salía de mi asombro, “si nos lo ha dicho el Alcalde…”. Como los adolescentes, aprendes de tu trayectoria y de tus experiencias. Tan asumido lo tengo en la actualidad que la confianza siempre la mantengo entrecomillada; de lo que te prometen, ni todo llega, ni de lo que llega, llega en el tiempo previsto. La capacidad de espera se desarrolla de tal manera, que cuando las propuestas se cumplen tienes que imaginarte que es algo nuevo, impresionante, alcanzable, para no rozar el pesimismo, para no desgastar la motivación, para guardar impulso para la siguiente tarea.

El parque, después de varios años negociando con las instituciones, se inauguró oficialmente en febrero de 1995; y la inauguración  de los verdaderos protagonistas, los vecinos, fue en abril del mismo año. Aquí no terminó el tema del Psiquiátrico, todavía nos quedaba mucha tarea por hacer. Sí, llega el parque y el disfrute del parque, pero sin embargo —casi siempre existe un pero— nos quedaban “las tres  esquinas”. Nuestras propuestas: pisos de VPO para una, y equipamientos para las otras dos. Pero esto es lo que no llega. De alguna manera el barrio tiene que conocer cómo van las negociaciones, las tensiones  que durante más de doce años se han mantenido con las instituciones a través de  nuevas acciones informativas. No se llegaba a acuerdos: los políticos insistiendo en las viviendas, los vecinos en los equipamientos. Pero hubo  que llegar a consensos, nos daba miedo perder la fuerza que  habíamos  mantenido, la presión social; que por agotamiento, “ganasen” y sembrasen de viviendas las esquinas. Después de tantos años hoy, en 2008, las esquinas del Psiquiátrico están inacabadas. Los políticos cambian, los partidos en el poder también, algunos técnicos de las instituciones quedan, pero los vecinos y vecinas estamos y continuamos cada vez siendo más numerosos, más diversos y con más necesidades. Y yo cada vez con mayor ambivalencia ¿Es buena o es mala esta ambivalencia? Cada cierto tiempo me cuestiono: ¿participación sí o participación no? De momento después de pensar, de reflexionar de recorrer los sinsabores, pesa más lo conseguido y mi respuesta es la misma: participación sí, porque las cuestiones de mi barrio no las tienen que decidir sólo los políticos, son mis cuestiones, las de mi gente, es mi responsabilidad y mi derecho.

En la Asociación siempre hemos combinado las reuniones con las acciones reivindicativas para plantear nuestras propuestas a los políticos. En estos más de veinte  años ha habido otros muchos temas, de los que señalaré los más relevantes. Unos han sido tratados desde nuestra asociación y otros con otras asociaciones y entidades:
– El soterramiento de las vías: hacer desaparecer “la cicatriz entre barrios“, mejorar los accesos con el centro de la ciudad, evitar inundaciones  en el paso a desnivel.
– Las Jornadas Delicias XXI: propuestas para responder a las necesidades de equipamientos y zonas verdes y de recreo en Delicias.
– Participación en salud: seguimiento servicios sanitarios, y un largo recorrido en proyectos de promoción de la salud.
– El Jardín en altura de la Calle Delicias: singular experiencia de participación en la consecución y diseño de la plaza.
– Acercamiento al medio educativo, con el objetivo de apoyar la integración.
– Actividades que favorezcan la interculturalidad entre los vecinos de Delicias.

Unidas a estas reivindicaciones hemos ido incluyendo otra línea de trabajo: los proyectos. Como he señalado anteriormente, lo mío, la tarea que a mí en principio me adjudicaron, fue todo lo relacionado con la salud y los servicios sanitarios. Cuando empecé con estos temas en 1987 no tenía información (ni yo,  ni  la mayor parte de la población) ni si quiera de lo que era un Centro de Salud. Era todo tan nuevo que tuve que comenzar con una formación “rápida”. Creo que me convencieron para presidir el primer Consejo de Salud de Zona de Aragón, porque yo en ningún momento lo propuse. En las primeras reuniones íbamos a lo desconocido; todos los demás y yo estábamos experimentando. Unida a los servicios sanitarios surge otra cuestión, la promoción de la salud, siempre junto a CODEF y al Centro de Salud Delicias Sur. Lo que empezó siendo una colaboración ha continuado convirtiéndose en un proyecto largo, muy largo en el tiempo, con veinte  años de experiencia, veinte años de esfuerzo de las personas que han participado en los denominados grupos de salud, a través de los cuales hemos desarrollado numerosas investigaciones en el ámbito de la salud, significativas para las personas a nivel individual  y muy  importantes para el barrio.

Destacaré algunas cuestiones personales que han marcando  mi trayectoria, señalando que siempre me ha parecido fundamental la formación para participar; hasta tal punto, que mi tarea en la Asociación influyó para pensar, a los treinta y seis años, en mis estudios universitarios, optando por Trabajo Social como disciplina que podía complementar y llenar de contenido teórico mi experiencia participativa. Lo que en esos momentos nunca pensé y que con toda rotundidad afirmo, es que esto podría ser mi futuro profesional. La posibilidad de dedicar más tiempo a mi tarea me llevó a profundizar en un tema que tenía pendiente, acercarme a la situación de las mujeres, llevándonos, desde la Asociación, a realizar un estudio sobre la violencia doméstica en Delicias y al desarrollo de un proyecto para mujeres Punto de Encuentro con el objetivo de dirigirnos hacia el logro de la igualdad.

En la actualidad, 2008, comienzan otros retos con grandes expectativas y con grandes interrogantes también. Uno es el conocimiento, la riqueza personal y social que nos pueden aportar nuestros nuevos vecinos procedentes de otros países, y otro es la plaza, nuestro nuevo local, todo lo que nos queda por estrenar, tanto material como social.

Espero que mis ambivalencias y mis inseguridades sobre la participación continúen haciéndome parar a reflexionar y que siga llegando a la misma conclusión: participación sí o sí. Espero también que el trabajo, el esfuerzo, las frustraciones, las desilusiones, los logros, las alegrías y los sueños sigan conjugándose como hasta hoy.

Terrenos del Hospital Psiquiátrico
1986

A PARTICIPAR SE APRENDE PARTICIPANDO
Isabel Antón Ibarra

El movimiento vecinal en nuestra ciudad comienza en la década de los años setenta, es la llamada “primera época”, y cuenta con un número muy importante de personas que tienen una trayectoria ideológica marcada principalmente por la falta de libertades y por los problemas generados por una inadecuada gestión urbanística.

Debo señalar que yo no me encuentro entre las mujeres históricas del movimiento vecinal. Mi incorporación a la participación  en una Asociación de “segunda época” estuvo influida posiblemente porque mi infancia y educación discurrió en un barrio rural en plena época franquista, en un ambiente convencional en mi familia, sin ideologías marcadas, cuya mayor preocupación era la misma que la de todos en ese momento histórico: el trabajo, muchas horas de trabajo.

Mi primer acercamiento a las cuestiones sociales surge a través de las preocupaciones laborales, aproximadamente a los dieciocho años, cuando trabajaba cuarenta y ocho horas semanales en comercio y se comenzó a proponer  la posibilidad de guardar fiesta los sábados por la tarde o los lunes por la mañana. Mi relación no fue ni significativa ni continua en el tiempo, pero sí recuerdo pasar miedo y dificultades a la hora de pegar carteles o al tener que disolvernos en una de las reuniones en el parque Macanaz porque los grises se dirigían hacia nosotros. Repaso con grato recuerdo unos cuantos encuentros en casa de personas españolas recién llegadas del extranjero, lo que nos contaban de su trabajo, de cómo habían conseguido mejoras laborales; eran cuestiones completamente nuevas para mí. Podía haber continuado asistiendo a aquellas reuniones, pero posiblemente mi poca trayectoria política y el peso o el miedo de mi familia pudieron más que mi motivación.

Retomé el interés por la participación al independizarme: sí que es cierto que la primera  idea era la incorporación a la Asociación de Vecinos de nuestro barrio, pero con gran asombro, cuando intentamos incorporarnos, la actividad del movimiento vecinal en Delicias se había aletargado.

De mi experiencia participativa relataré los temas más señalados por su larga trayectoria en el tiempo, sabiendo que se quedarán sin mencionar algunos de los asuntos importantes para la Asociación y también para mí.

La historia de mi participación en  el movimiento vecinal va unida a la de mi pareja Pepe Luis Zúñiga, a mis hijos, y a la de mis compañeros y compañeras de Asociación, por lo que comentaré momentos en los que he intervenido tanto directa como  indirectamente.

Pasados varios años después de mi maternidad, surge una nueva oportunidad en junio de 1986. Personas cercanas a la guardería de mi hija nos convocan a una reunión “muy importante” para el barrio: “hay que acudir a esta convocatoria, en esto va el futuro de una parte importante de Delicias”. De esas primeras reuniones surge la idea de organizar la Asociación de Vecinos de Delicias “Manuel Viola” recogiendo el testigo y la experiencia de las anteriores Asociaciones. En noviembre del mismo año se convoca la Asamblea constitutiva con gran asistencia, se desborda la sala y se realiza la primera gran inscripción de socios. El momento era crucial, la modificación del Plan General de Ordenación Urbana se saltaba los acuerdos llegados con las Asociaciones anteriores, y planteaba la edificación de mil trescientas cuarenta y seis viviendas propuestas por la DGA en los terrenos del Hospital Psiquiátrico.

Yo iba conociendo los avances; y salía a la calle con el cochecito de mi hijo pequeño que entonces tenía un año, con la mesa plegable y el caset en el que sonaban canciones de cantautores como reclamo, a informar a los vecinos y vecinas “sobre la que se nos avecinaba”  y a captar socios, en el más tradicional de los sentidos.

En las reuniones mantenidas con los políticos no se consiguió llegar a acuerdos, forzando a organizar en diciembre de 1986 la primera manifestación para mostrar a las instituciones nuestro descontento y nuestras reivindicaciones. Fue mi  primera vivencia organizando un evento de esas dimensiones: pintada de  pancartas, pegada de carteles, frases para las cartulinas que después se colocaban en soportes, difusión de información, estar en la organización el día de la manifestación… “Sobre todo bien esponjados, que pareceremos más”, decíamos. La manifestación fue todo un éxito y tuvo su repercusión: bajaron el número de viviendas dejándolas en seiscientas. La Asociación tampoco estaba de acuerdo con esa cifra pero es cierto que habíamos conseguido un primer logro que nos animaba a continuar.

Unida a esta manifestación se realizaron diversas acciones para que desapareciesen las viviendas y se planificasen los equipamientos:
– Otra manifestación por el barrio en marzo de 1988: “por las seiscientas tampoco”.
– Expulsión del Pleno de las Cortes Aragonesas el día en que se votaban las viviendas. Un grupo de personas de la Asociación acudimos a las Cortes con un gorro en el que se leía: “600 tampoco”. Por supuesto nos invitaron a salir, pero habíamos conseguido que la opinión pública conociese nuestra propuesta.
– Asamblea informativa y recogida de propuestas con la participación de más de cuatrocientas personas y la asistencia del Justicia de Aragón.
– Acampada en una de las esquinas del Psiquiátrico, junto a otras entidades y asociaciones del barrio, con más de cuarenta tiendas de campaña.
– Encierro de una noche en el pabellón del Carmen para demostrar las condiciones de uso en que se encontraba dicho pabellón.

Dos eran los temas prioritarios en un primer momento: el parque para Delicias y las personas que residían en el Psiquiátrico. Desde el principio la información y la formación han sido una constante en nuestra asociación, sabemos que los políticos pueden intentar “ganarnos”, por lo tanto hubo que repartir tareas: unos profundizar en cuestiones urbanísticas y otros en la reforma psiquiátrica. A mí me tocó el segundo tema, debido a que  me habían “adjudicado” las cuestiones relacionadas con la  salud y con los servicios sanitarios.

En 1989 surge la posibilidad de presentarnos al concurso de ideas para el Parque organizando en Delicias una coordinadora:”El parque: un espacio para la salud”, con la participación de un importante número de entidades, asociaciones e incluso instituciones del barrio. Unida a la coordinadora comienza a trabajar el equipo redactor del proyecto. Fuimos a Trieste (Italia) para conocer una experiencia parecida a la que estábamos trabajando. Alquilamos una furgoneta, le pusimos los carteles con nuestro lema y recorrimos cuatro mil kilómetros en cuatro días para enterarnos de cómo se había desarrollado el proceso.  Esta experiencia vivida en primera persona fue agotadora y  enriquecedora al mismo tiempo. Dormimos en un pabellón del psiquiátrico, conversamos con Franco Rotelli, precursor de la reforma psiquiátrica europea… Conocimos la trayectoria de la reconversión de un psiquiátrico en parque y cómo los pabellones cambiaron sus funciones pasando a ser apartamentos tutelados. Se tomó nota de la filosofía  y el desarrollo de la reforma y lo plasmamos en el diseño del parque.

Era difícil, bueno muy difícil, ganar el primer premio, ya que desde la Asociación se mantenían todos los pabellones, la mayor parte del arbolado; se  proponían jardines relacionados con las tres culturas de nuestra ciudad, la representación de  símbolos importantes en el nacimiento del barrio como el tranvía… Estos elementos se contraponían a lo que algunos políticos planteaban, que llevaba cemento en abundancia. Después de la decisión del jurado (nuestro proyecto no fue el ganador, quedamos los segundos), los políticos nos dijeron que el parque se hacía, pero no nos advirtieron a qué velocidad se hacía.

Me he llevado muchas sorpresas en esta experiencia. En las primeras reuniones con los políticos, mis compañeros me tenían que repetir y casi convencer de que todo lo que nos habían prometido no iba a ser así. No salía de mi asombro, “si nos lo ha dicho el Alcalde…”. Como los adolescentes, aprendes de tu trayectoria y de tus experiencias. Tan asumido lo tengo en la actualidad que la confianza siempre la mantengo entrecomillada; de lo que te prometen, ni todo llega, ni de lo que llega, llega en el tiempo previsto. La capacidad de espera se desarrolla de tal manera, que cuando las propuestas se cumplen tienes que imaginarte que es algo nuevo, impresionante, alcanzable, para no rozar el pesimismo, para no desgastar la motivación, para guardar impulso para la siguiente tarea.

El parque, después de varios años negociando con las instituciones, se inauguró oficialmente en febrero de 1995; y la inauguración  de los verdaderos protagonistas, los vecinos, fue en abril del mismo año. Aquí no terminó el tema del Psiquiátrico, todavía nos quedaba mucha tarea por hacer. Sí, llega el parque y el disfrute del parque, pero sin embargo —casi siempre existe un pero— nos quedaban “las tres  esquinas”. Nuestras propuestas: pisos de VPO para una, y equipamientos para las otras dos. Pero esto es lo que no llega. De alguna manera el barrio tiene que conocer cómo van las negociaciones, las tensiones  que durante más de doce años se han mantenido con las instituciones a través de  nuevas acciones informativas. No se llegaba a acuerdos: los políticos insistiendo en las viviendas, los vecinos en los equipamientos. Pero hubo  que llegar a consensos, nos daba miedo perder la fuerza que  habíamos  mantenido, la presión social; que por agotamiento, “ganasen” y sembrasen de viviendas las esquinas. Después de tantos años hoy, en 2008, las esquinas del Psiquiátrico están inacabadas. Los políticos cambian, los partidos en el poder también, algunos técnicos de las instituciones quedan, pero los vecinos y vecinas estamos y continuamos cada vez siendo más numerosos, más diversos y con más necesidades. Y yo cada vez con mayor ambivalencia ¿Es buena o es mala esta ambivalencia? Cada cierto tiempo me cuestiono: ¿participación sí o participación no? De momento después de pensar, de reflexionar de recorrer los sinsabores, pesa más lo conseguido y mi respuesta es la misma: participación sí, porque las cuestiones de mi barrio no las tienen que decidir sólo los políticos, son mis cuestiones, las de mi gente, es mi responsabilidad y mi derecho.

En la Asociación siempre hemos combinado las reuniones con las acciones reivindicativas para plantear nuestras propuestas a los políticos. En estos más de veinte  años ha habido otros muchos temas, de los que señalaré los más relevantes. Unos han sido tratados desde nuestra asociación y otros con otras asociaciones y entidades:
– El soterramiento de las vías: hacer desaparecer “la cicatriz entre barrios“, mejorar los accesos con el centro de la ciudad, evitar inundaciones  en el paso a desnivel.
– Las Jornadas Delicias XXI: propuestas para responder a las necesidades de equipamientos y zonas verdes y de recreo en Delicias.
– Participación en salud: seguimiento servicios sanitarios, y un largo recorrido en proyectos de promoción de la salud.
– El Jardín en altura de la Calle Delicias: singular experiencia de participación en la consecución y diseño de la plaza.
– Acercamiento al medio educativo, con el objetivo de apoyar la integración.
– Actividades que favorezcan la interculturalidad entre los vecinos de Delicias.

Unidas a estas reivindicaciones hemos ido incluyendo otra línea de trabajo: los proyectos. Como he señalado anteriormente, lo mío, la tarea que a mí en principio me adjudicaron, fue todo lo relacionado con la salud y los servicios sanitarios. Cuando empecé con estos temas en 1987 no tenía información (ni yo,  ni  la mayor parte de la población) ni si quiera de lo que era un Centro de Salud. Era todo tan nuevo que tuve que comenzar con una formación “rápida”. Creo que me convencieron para presidir el primer Consejo de Salud de Zona de Aragón, porque yo en ningún momento lo propuse. En las primeras reuniones íbamos a lo desconocido; todos los demás y yo estábamos experimentando. Unida a los servicios sanitarios surge otra cuestión, la promoción de la salud, siempre junto a CODEF y al Centro de Salud Delicias Sur. Lo que empezó siendo una colaboración ha continuado convirtiéndose en un proyecto largo, muy largo en el tiempo, con veinte  años de experiencia, veinte años de esfuerzo de las personas que han participado en los denominados grupos de salud, a través de los cuales hemos desarrollado numerosas investigaciones en el ámbito de la salud, significativas para las personas a nivel individual  y muy  importantes para el barrio.

Destacaré algunas cuestiones personales que han marcando  mi trayectoria, señalando que siempre me ha parecido fundamental la formación para participar; hasta tal punto, que mi tarea en la Asociación influyó para pensar, a los treinta y seis años, en mis estudios universitarios, optando por Trabajo Social como disciplina que podía complementar y llenar de contenido teórico mi experiencia participativa. Lo que en esos momentos nunca pensé y que con toda rotundidad afirmo, es que esto podría ser mi futuro profesional. La posibilidad de dedicar más tiempo a mi tarea me llevó a profundizar en un tema que tenía pendiente, acercarme a la situación de las mujeres, llevándonos, desde la Asociación, a realizar un estudio sobre la violencia doméstica en Delicias y al desarrollo de un proyecto para mujeres Punto de Encuentro con el objetivo de dirigirnos hacia el logro de la igualdad.

En la actualidad, 2008, comienzan otros retos con grandes expectativas y con grandes interrogantes también. Uno es el conocimiento, la riqueza personal y social que nos pueden aportar nuestros nuevos vecinos procedentes de otros países, y otro es la plaza, nuestro nuevo local, todo lo que nos queda por estrenar, tanto material como social.

Espero que mis ambivalencias y mis inseguridades sobre la participación continúen haciéndome parar a reflexionar y que siga llegando a la misma conclusión: participación sí o sí. Espero también que el trabajo, el esfuerzo, las frustraciones, las desilusiones, los logros, las alegrías y los sueños sigan conjugándose como hasta hoy.

Isabel Antón Ibarra

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