Liberación sexual – zgz rebelde https://sindominio.net/zaragozarebelde zaragoza rebelde - 1975, 2000 - movimientos sociales y antagonismos Fri, 26 Feb 2010 20:07:13 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.1 ACCIÓN https://sindominio.net/zaragozarebeldeaccion https://sindominio.net/zaragozarebeldeaccion#respond Tue, 02 Feb 2010 09:03:09 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=3618 See image gallery at 192.168.122.201] ]]> https://sindominio.net/zaragozarebeldeaccion/feed 0 LESBIANISMO https://sindominio.net/zaragozarebeldeimagenes-lesbianismo https://sindominio.net/zaragozarebeldeimagenes-lesbianismo#respond Fri, 22 May 2009 10:21:41 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=2776 See image gallery at 192.168.122.201] ]]> https://sindominio.net/zaragozarebeldeimagenes-lesbianismo/feed 0 DE AMOR, PARTICIPACION, VISIBILIDAD Y DESOBEDIENCIA https://sindominio.net/zaragozarebeldeamor-participacion-visibilidad https://sindominio.net/zaragozarebeldeamor-participacion-visibilidad#respond Fri, 28 Apr 1995 14:40:31 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1815 Un jersey negro,
preservativos, lubricante.
Las sábanas revueltas:
una ceremonia tras otra.
Miguel Ángel -el amable puñal-
ha muerto,
y yo no sé que ponerme

Miguel Ángel Lafarga murió en 1995. Fotógrafo, activista de Lesbianas y Gays de Aragón (LYGA) y, sobre todo, un pedazo de pan debajo de su cuero y sus tachuelas, fue, hasta mucho tiempo después, mi único contacto con aquella organización. Yo estaba entonces vinculado al activismo con la insumisión, en aquel momento en progresión aritmética, y recuerdo muy especialmente los debates internos de LYGA que nos contaba entonces Miguel Ángel: eran los tiempos de «ponga un prestacionista en su ONG» y a alguien se le ocurrió, sin éxito pero con un acalorado debate, proponer colaborar con la implantación de la Prestación Social Obligatoria. El argumento -que se repetiría aquellos años tantas veces en otras organizaciones- era «salvar» de la mili a algún gay afín a la organización… y de paso buscarse un currante gratuito. La idea fue finalmente rechazada, en el clarificador proceso que aquellos años nos permitió diferenciar organizaciones con una visión de transformación social global (aunque no fueran etiquetables como «radicales») de aquéllas con intereses más corporativistas.

Para mí, aquel momento simboliza algunas cosas interesantes. Por un lado, colectivos LGTB (de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) en todo el estado que, tras la etapa hiperpolitizada de todo el tejido social en la transición, habían pasado a reivindicar objetivos particulares de «su» sector social, empezaban a descubrir nuevamente que, lo quisieran o no, era inevitable tomar decisiones políticas en ámbitos que iban más allá de sus reivindicaciones inmediatas. Por otro lado, en el momento en que muere Miguel Ángel, el conocido slogan de ActUp «Silencio = Muerte» estaba siendo digerido a marchas forzadas por el movimiento LGTB en todo el mundo: había mucho que ganar fuera del armario; literalmente, la vida. Hoy, gracias a la visibilización deliberada de los efectos de la epidemia en las vidas de millones de personas y su presión sobre las políticas de salud, probablemente Miguel Angel hubiera sido un enfermo crónico.

Al mismo tiempo, aunque a toro pasado sea tan fácil hablar, me gustaría hacer algún apunte sobre las formas que en Zaragoza revestía entonces el movimiento LGTB. El largo, difícil y encomiable trabajo de LYGA -durante años la única referencia LGTB organizada aquí- tuvo, bajo mi punto de vista (compartido con quienes años después tomarían su relevo desde Towanda), una carencia fundamental: en Madrid, Euskadi o Cataluña se apostaba intensamente por la visibilización y el activismo en la calle, que finalmente llevaría la cita del Orgullo de Madrid a cifras monstruosas con un peso de presión política considerable al empezar el siglo XXI. Sin embargo, Zaragoza no vería su primera manifestación LGTB hasta 1999, de la mano de Acción y, en los años siguientes, de Towanda. Se puede argüir que la masa crítica que permitiera el salto a la visibilidad, incluso de las LGTB más comprometidas, era insuficiente en una ciudad como Zaragoza (aunque no lo era en ciudades más pequeñas), pero quienes hemos participado en otros movimientos sociales de esta nuestra Zaragoza rebelde creemos que -como ha demostrado años después el éxito de las citas del 28 de Junio- el problema en el movimiento LGTB zaragozano era la falta de apuesta por la cultura de participación frente a las (también importantes) vías institucionales o mediáticas. No sólo la visibilidad lleva a más visibilidad (como el ocultamiento a más ocultamiento), sino que la participación crea base social para el movimiento, y el movimiento (debe crear) más participación.

De 1996 recuerdo una conversación con Fito Sesma, recién salido de la cárcel por insumiso. Hablábamos de la vida emocional en la cárcel, de relaciones sexuales… desarmaba oír a Fito hablar con tal naturalidad de que él se «fijaba, pero no había conseguido que me atrajesen otros presos…». Recuerdo que pensé que quizá sólo en movimientos que, como en la insumisión o el movimiento feminista, se cuestionaran tan de raíz las relaciones de poder y los roles interiorizados podíamos encontrar lenguajes y analogías que nos permitieran comunicarnos de tú a tú desde nuestra condición de LGTBs con heterosexuales…Hoy sé que empezamos a romper el monolitismo de la cultura heterocentrada en la sociedad en general, pero sigo creyendo firmemente que el trabajo común genera un lenguaje común.

Esa primavera subí a Huesca con Violeta Membrado a dinamizar un taller sobre Desobediencia Civil. Planteamos un juego de simulación en el que los y las participantes debían ponerse en la piel de «parejas ilegales» (homosexuales, interétnicas, internacionales…) en diferentes países, y calibrar qué salidas personales, colectivas, políticas, buscarían a su situación, y si esas salidas implicarían algún tipo de Desobediencia Civil.

Uno de los participantes en aquel taller está ahora en mi cama esperando que me despegue del maldito portátil en el que estoy escribiendo este texto, y juntos hemos aprendido estos once años que cogernos de la mano por la calle era desobediencia civil pura y dura a una norma no escrita pero sólida como un muro, que hemos empezado a derribar. Pero más allá de las leyes cambiadas y la dignidad conquistada, el más preciado triunfo han sido las personas: familiares, amigas, compañeros… la sociedad que va pasando del estupor y el disimulo o la sorpresa a entender y vivir las cosas de otra manera.

Pepe Paz

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HAY UNA CENA DE GUILIGUILIS https://sindominio.net/zaragozarebeldehay-una-cena-de-guiliguilis https://sindominio.net/zaragozarebeldehay-una-cena-de-guiliguilis#respond Thu, 24 Mar 1994 11:44:47 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=874 “Hay una cena de guiliguilis”. Eso me dijo mi madre aquel febrero de 1994.
A  mi madre decir “gay” le suponía enfrentarse con un vocablo tan extraño como desconocido, “homosexual” demasiado culto y fuera de lugar, y “marica” demasiado hiriente para una madre amante de su hijo, así que prefirió inventarse el término que aún hoy utiliza, a pesar de las horas de conversaciones tenidas sobre la importancia de las palabras, los símbolos, los significantes y los significados.
De cualquier forma, mi madre me estaba echando un cable en ese proceso de socialización que todos los distintos hemos tenido que reiniciar, como si por ser diferentes tuviéramos que pasar una reválida.
Así conocí la asociación Lesbianas y Gays de Aragón (LYGA). Asociación con frecuencia criticada por su escaso activismo, pero que gracias a una cena en Casa Emilio y su oportuno anuncio radiofónico me permitió, con el aviso de  mi madre, contactar y comenzar mis primeros pasos como gay desarmarizado.
Aquella asociación me ayudó a crecer como persona, a fortalecer  mi propia identidad, a repensarme como individuo, como colectivo y como sociedad, integrado en un grupo en el que nos unía, (más allá de planteamientos políticos, religiosos, profesionales, status social), el punto común de ser personas cuyo deseo sexual y afectivo está orientado, según decían otros, hacia la “otra acera”, o mejor, es inclasificable por diverso de lo aparentemente normal, y es libre de etiquetas, incluso fluctuante. Y que por tanto, molesta a esta sociedad piramidal y machista basada en la hegemonía de unos valores (?) dudosamente enriquecedores y siempre reticentes a la diferencia, peor aún, represores de la diferencia: ser macho y parecerlo, no demostrar atisbo de flaqueza, ni feminidad, ni pluma, o ser mujer y parecerlo, nítidamente, según los mandatos implícitos de la moral sexual cultural que nos envuelve y que con nuestra diversidad sexual parecemos poner en peligro, (parece mentira, esto aún suena demasiado reciente, pregunten a parte de la cúpula católica…)
Inolvidables los debates de los lunes: los partidos políticos y su posición frente a los derechos de gays y lesbianas; la masculinidad y la feminidad; la pluma; las religiones y la cuestión homo; la transexualidad; la visibilidad lesbiana; la erótica; el sadomasoquismo; el sexo seguro… allí teníamos la oportunidad de reflexionar sobre los temas que más nos afectaban o interesaban, de intercambiar datos para formarnos cada cual nuestro juicio, de debatir con semejantes y no tan semejantes, de acostumbrarnos a sentirnos en nuestro derecho a reunirnos fuera de contextos ocultos o distintos a los garitos de ambiente, hasta entonces lo único posible para contactar con iguales…
Inolvidables las amistades (sigo repudiando a algunos gays “del ambiente”, que lo ven todo desde la barrera y que nos criticaban como patio de colegio donde sólo nos reuníamos a ligar: por sus derechos muchas personas han dedicado horas de su tiempo, no se han ocupado de intereses personales, han descuidado incluso su economía o su  salud…). Inolvidables las excursiones, los talleres de sexo seguro, el teléfono de información sobre el SIDA, los puestos informativos en la calle o los testimonios ofrecidos en los institutos a los que nos invitaban. Eso sí, casi siempre nos tenían que invitar, pues éramos tan políticamente correctos, tan apolíticos y aconfesionales… que la presencia en los medios y en la calle tenía más que ver con que nos convocaran que con propuestas firmes lanzadas desde nuestro grupo. Recordar también que cuando la militancia consolidó su presencia se contempló como algo básico llamar a las puertas del medio educativo, exigiendo la visibilidad del hecho LGTB  y proponiendo materiales didácticos que han conformado una línea de trabajo actualmente.
No puedo dejar sin nombrar el apoyo de la Federación de Asociaciones de Barrios, prestándonos generosamente y casi sine die el espacio físico, y el caminar cercano con la gente de Jóvenes contra la Intolerancia, hoy derivados en Iniciativa Ciudadana Convive.
La asociación LYGA, Lesbianas y Gays de Aragón, criticable por ombliguista, poco solidaria, poco presente en los foros sociales, alternativos, revolucionarios, sin embargo hizo un trabajo rico con las personas que allí participábamos, como autoayuda y en nuestro entorno inmediato, además de ser durante tiempo el único interlocutor reconocido ante los medios de comunicación y las instituciones, cosa que otros colectivos por ser más radicales, o anti-sistema, rehusaban (o eran marginados por eso mismo)… Hoy en día creo que los estilos han evolucionado y, además de la crisis participativa y de contenido, se han limado rigideces y ganado en pragmatismo, y de una forma u otra, muchos adaptan lenguajes o formas para conseguir algún dinero a través de tal o cual subvención…
Ha pasado el tiempo. Se han logrado avances en las leyes y en las mentalidades, pero queda mucho por hacer. Aquellos que participamos en aquella movida hemos evolucionado con diferentes “envejecimientos”, unos volcados en sus intereses personales, otros aún sentimos que hay camino por recorrer, pero no cabe duda de que nadie somos ahora como somos si no hubiéramos participado en aquella cena de guiliguilis.

José Manuel Lobán Iza

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TRAYECTORIA POR LA LIBERACIÓN SEXUAL https://sindominio.net/zaragozarebeldetrayectoria-por-la-liberacion-sexual https://sindominio.net/zaragozarebeldetrayectoria-por-la-liberacion-sexual#comments Thu, 20 Apr 1989 12:19:12 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1677 Para mí, el recuerdo de mi trayectoria del “despertar político” está íntimamente  ligado a personas. Personas que conocí hace más de veinte años cuando llegué a esta ciudad procedente de una pequeña capital de provincia, como tantos otros y otras, para “labrarme un futuro”. La experiencia fue rotunda en todos los campos: saboreé la libertad que suponía una habitación propia, no tener la vigilancia estrecha de la familia, vermús interminables en los que “otro mundo era posible”, etc. También sufrí el desencanto de una Universidad en la que académicamente yo había volcado muchas expectativas, y también  me apunté a todos los actos reivindicativos acordes con mis ideas… pero sobre todo conocí a personas que abrieron mis sentidos y sembraron la necesidad de indagar y cuestionar. De algunas de estas personas me enamoré; casualmente eran mujeres como yo.
Qué duda cabe que esto (una opción sexual diferente a la mayoría), suponía en aquel momento (finales de los ochenta) una condición minoritaria  y en algunos casos arriesgada. Si ya por aquel entonces empezaba a comprender que lo personal y lo político estaban unidos, con mi despertar sexual  quedó grabado en mi identidad; no podía separarlos.
Entonces comencé a indagar, a buscar iguales en mi entorno, porque lo que yo vivía no podía ser antinatural. Comencé asistiendo a alguna charla del Frente Feminista que en aquel entonces se reunía en la primera sede de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo (C/ San Vicente de Paúl, no recuerdo el número); aquello no me bastó, fue muy instructivo pero necesitaba algo más cercano a lo que yo estaba viviendo. Aunque pueda parecer ingenuo ahora, necesitaba constatar que otras vivían y sentían como nosotras. En ese momento  ya tenía compañera y entre las dos llegamos a la conclusión de que no había que buscar, había que crear; entre otras cosas porque no había, y porque creíamos en el poder del  colectivo como motor de cambio. Aún no se había acuñado el término “salir del armario” pero nosotras-os queríamos simplemente poder expresar nuestros sentimientos sin temor.
Comenzamos a conversar con personas que conocíamos y que acudían a algunos bares calificados como de “ambiente” (gay-lésbico); fundamentalmente eran hombres y algunos de ellos se apuntaron a formalizar un colectivo de tipo asambleario y mixto por la liberación sexual el GLGL (Grupo de Liberación de Gays y Lesbianas). Y es aquí donde ubico geográficamente esta pequeña trayectoria, el punto de arranque de toda la lucha por la liberación sexual que yo conozco en esta ciudad: La Casa de la Paz, edificio precioso ubicado en el Paseo Sagasta que tantos de vosotros y vosotras frecuentasteis.

Ni se te ocurra privarte!

Sería el año 1989 o 1990 cuando nos plantamos allí con nuestro colectivo, no tengo claras las fechas; lo que sí recuerdo nítidamente era el bullicio que había en ese edificio. La entrada y salida constante de gente, los carteles, las fiestas, la libertad, el jardín que rodeaba la casa prácticamente abandonado,  el suelo de madera en bastante mal estado y sobre todo la sensación confortable de estar en un espacio propio, contando los otros grupos con nosotros, y nosotros-as con ellos.
En el GLGL éramos muy pocos y predominaban los chicos; nuestro objetivo fundamental era debatir sobre nuestra realidad e iniciamos un pequeño ciclo de cine como punto de encuentro y lugar de expansión del colectivo. Estos ciclos se fueron proyectando en la que sería la sede de la Federación de Barrios de Zaragoza (FABZ), en la Calle San Vicente de Paúl, esquina con la Calle Mayor.
Rebusco en mi memoria y hay muchos recuerdos de esa época, conversaciones, confesiones, actos valiosos, gente admirable, y me quedo con una persona especialmente frágil que se convirtió en el guardián de los numerosos gatos que pululaban por aquella casa. Se llamaba Vicente; su opción sexual seguramente era el menor de sus problemas, él era de otra época, extremadamente sensible, muy vulnerable. Varias veces fue objeto de agresiones verbales y no verbales, su aspecto de “diferente” de “raro” provocaba la ira de algunos y algunas. No militaba, simplemente estaba. Hace muchos años que no sé de él. Alguna vez nos encontrábamos por algún bar y era difícil sustraerse a sus requerimientos de atención y de cariño. Para mí podría ser el símbolo de aquella época, el referente  por el que tenemos que luchar.

Todos los años acudo a la manifestación del 28 de junio, día del Orgullo Gay-Lésbico-Trans. Cuando la manifestación inunda la calle de colorido y de música me siento más que orgullosa, porque es algo de lo que formo parte.
He dejado un poco de mí para que en esta ciudad tan estrecha de miras a veces, podamos hacer sonar los pitos y los tambores y nos tengan que mirar, nos tengan que ver; pero no dejo de preocuparme porque no todo está conseguido con la “normalización”.
Hace más o menos diez años que hemos conseguido formalizar una manifestación en esta nuestra ciudad, hace unos dieciocho años del GLGL, yo ahora asisto a bodas de amigos y amigas, veo a personas que acuden al 28-J totalmente desinhibidos y alegres… parece que la homosexualidad está de moda, somos económicamente rentables… pero no dejo de preocuparme. Somos conscientes de todo lo que esto ha costado, y  por otro lado, ¿era esto lo que queríamos? Esos jóvenes de los que sé cada día menos acuden sólo a los actos lúdicos; quiero creer que alguno y alguna militarán… ¿Y qué ha sido de la lucha en el ámbito privado, en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestro entorno cercano?… no dejo de preocuparme…Y lo de los guetos en grandes ciudades, ¿a qué responde? La mayoría de los colectivos lésbico-gays mantiene una tensión entre el colectivo de chicos y chicas, hay luchas internas por el control de los órganos de representación, y en muchos de estos colectivos la vertiente lúdica gana por goleada al carácter reivindicativo… no dejo de preocuparme y no dejo de acordarme de personas como Vicente que necesitan que haya otros que luchen y no se olviden de los que no fueron tan afortunados por cuestión de género, etnia, país de nacimiento, educación, familia…

Luisa Broto Bernués

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LESBIANISMO en Zaragoza. https://sindominio.net/zaragozarebeldelesbianismo-en-zaragoza https://sindominio.net/zaragozarebeldelesbianismo-en-zaragoza#comments Fri, 24 Apr 1987 11:30:12 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1742 La energía feminista y la atracción por las mujeres o esa lesbiana que todas llevamos dentro.

Militaba en el Frente Feminista, estaba casada, tenía una hija y un hijo. Entonces sucedió lo impredecible: me enamoré de otra mujer que también se enamoró de mí. Y este hecho me llevo no solo a la separación y a emprender una vida juntas en el fragor de finales de los años setenta, también me llevó, de la mano de la ilusión, a proponer la creación de un colectivo de lesbianas dentro del Frente Feminista. Fueron años de descubrimientos múltiples; la política y lo personal se unían de manera natural, para luchar por las libertades democráticas y por la revolución, para rechazar y transformar los comportamientos machistas, para que las leyes cambiaran y no me acusaran de lesbiana quitándome la custodia de mis hijos. Y también desatando pasiones “prohibidas”, que no creías posibles pero que, como otros acontecimientos y vivencias de aquellos días, llegaron de manera sencilla y natural, enlazados con el deseo de cambiar las cosas, como me sucedió a mí.Corría el año 1986. Nos reconocimos varias mujeres que albergábamos deseos y amor por otras mujeres. Estábamos con la idea de crear un colectivo, y pensamos que lo mejor y más representativo para apoyar este proceso era contar con Empar Pineda; ella pertenecía al colectivo de lesbianas feministas en Madrid además de ser una dirigente del Movimiento Comunista y del Movimiento Feminista a nivel estatal. Tomamos la iniciativa de invitarla a que viniera a Zaragoza a la Librería de Mujeres, que entonces estaba en la calle Maestro Marquina, para que nos diera una charla sobre lesbianismo. En la trastienda de la librería, con un local abarrotado de mujeres, ella nos animó desde un principio a que nos organizáramos, a que creáramos un colectivo; y es así como nos pusimos manos a la obra y creamos, dentro del Frente Feminista, la Comisión de Lesbianismo.

En aquel momento, las primeras mujeres que integraron el colectivo salieron del Frente Feminista. Nos reuníamos los viernes en los locales de la Asociación de Vecinos de la calle San Vicente de Paúl.  Recuerdo que editábamos una revista en la cual escribíamos todas nuestras inquietudes y experiencias; evidentemente en aquel momento esto no era nada fácil, pero pudo ser posible gracias al apoyo económico y moral del Frente Feminista.  En aquellas reuniones era complicado ponernos de acuerdo debido a la diversidad política y de pensamiento de las lesbianas, ya que aunque nos unía nuestra condición sexual, cada una tenía sus propias creencias o ideales. A estas reuniones venían mujeres con muchos y diferentes problemas psicológicos, atiborradas de medicamentos prescritos por los psiquiatras, a las cuales intentábamos ayudar haciéndoles comprender que no estaban para nada enfermas, que eran normales.  Hay que tener en cuenta la mentalidad de la sociedad española del momento, después de haber vivido en represión bajo los cuarenta años de dictadura sufridos, en la que se pensaba que las lesbianas eran enfermas y para ello se aplicaban tratamientos de choque en los psiquiátricos. A través de nuestro colectivo muchas mujeres fueron avanzando y progresando poco a poco, hasta poder restablecerse emocional y psíquicamente en el camino hacia la normalidad. Por supuesto muchas otras acudieron al colectivo para conocer a otras mujeres, para relacionarse, para ligar, para disfrutar, para hacer cosas interesantes y emocionantes juntas; fue todo un proceso de desarrollo personal que queríamos que fuera también un hecho social, la normalización de la existencia lesbiana.

Trabajábamos, reivindicábamos nuestros derechos como mujeres lesbianas y el reconocimiento como tales, al tiempo que practicábamos nuestras dotes de seducción y cariño; entre manifiestos, manifestaciones, proyectos y debates teóricos, con fiestas improvisadas y cañas al finalizar las reuniones en el bar La Corrala, o celebrando por vez primera el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo Gay,  en la Sala Metro en el año 1987, con llenazo total y actuaciones diversas que preparamos las mismas del colectivo. Después hicimos otras celebraciones del 28 de junio en los bajos del bar la Vía Láctea, en el Centro Cívico Salvador Allende, en el pub Rossé, en la sala Devizio…. Teníamos una imaginación y una creatividad desbordante para organizar actuaciones de cierta calidad estética y con contenido reivindicativo, que hiciera visible no solo nuestras  variopintas y extravagantes actitudes artísticas sino, sobre todo, nuestra opción sexual, como una opción libre y vivida en libertad.

Organizamos por primera vez unas jornadas en Zaragoza, a las que acudieron muchísimas personas, donde tuvimos el valor de pronunciarnos como lesbianas.  Fueron las realizadas en el Instituto Mixto 4, en la cual se dio por primera vez una charla sobre lesbianismo. Al final de la charla nos pronunciamos diciendo: “Yo soy lesbiana“.  Nos temblaron a todas las piernas y al día siguiente de este evento nos dimos cuenta de que no pasaba nada; y eso nos ayudó a seguir pronunciándonos, a seguir luchando por nuestra libertad de expresión, y a seguir dando la cara abiertamente.

En aquel momento salimos en la prensa, en televisión y en radio.  Rompimos moldes ocupando bares donde bailábamos entre nosotras, donde nos besábamos abiertamente dejando atónito o ciertamente desconcertado a todo aquel que nos miraba; pero aquello no nos importaba lo más mínimo.  En aquellos años ocurrió el tan traído y llevado suceso en la sala Malvaloca de la calle Mayor (ahora La Casa del Loco), donde quisieron expulsar a dos mujeres por besarse y bailar juntas.  Hubo pelea y golpes: una clara agresión a la libertad sexual de las mujeres que llevó a que organizáramos varias acciones de denuncia y que concluyó con un polémico juicio.

La apertura de La Pluma en el año 1987 supuso un empuje a la organización de lesbianas. Ya que fueron tres largos años en los que el bar La Pluma, en la calle San Lorenzo, entre idas, venidas, vaivenes e interferencias ambientales varias (eran años complejos, gente haciendo probatinas con las drogas que muchas veces degradaban el ambiente), funcionó como lugar y punto de encuentro para muchas mujeres afines, que si no se vincularon directamente en la acción política del colectivo o no se declaraban abiertamente lesbianas, estaban en ese entorno necesario de apoyo y sostenimiento. Participamos ese mismo año en el Tribunal contra las agresiones a Mujeres que se organizó dentro de los actos reivindicativos del 8 de marzo. Al año siguiente elaboramos una ponencia que presentamos en las Jornadas Estatales de Lesbianismo celebradas en Madrid en 1989.

Lo vivimos con alegría, con ganas de conquistar no solo nuestro entorno más cercano en el barrio de la Madalena, o en las zonas de “ambiente” del Paseo Teruel tan masculinizadas y superficiales a nuestros ojos; queríamos ganar para nosotras, nuestras vidas y nuestras manifestaciones, toda la ciudad y a plena luz del día.  Más tarde fueron surgiendo otros colectivos, poco a poco íbamos abriendo camino para las generaciones venideras y haciéndonos más fuertes día a día. La cosa se diversificaba, aunque es cierto que como colectivo de lesbianas, independientes de otros grupos feministas o colectivos mixtos, Zaragoza no ha tenido un grupo fuerte con poder reivindicativo y poder de convocatoria pública. Aunque los diversos actos hayan sido socialmente minoritarios pero muy activos y concurridos, el movimiento feminista de Zaragoza ha estado ahí para posibilitar nuestra visibilidad en acciones públicas.

Hoy nos sentimos orgullosas de que puedan existir colectivos como Towanda, de liberación sexual LGTB, es decir, de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales; estamos orgullosas de que existan lugares de “ambiente” en los cuales la gente vive su lesbianismo sin tapujos; y también nos sentimos orgullosas de que podamos celebrar un 28 de junio con total libertad, y la visibilidad y aceptación de mucha gente que admite que esta es una cuestión de derechos humanos como tantas otras. Somos conscientes de  que todavía queda mucho por hacer: a mis cincuenta años pasados aquí estoy como una más, viviendo, amando y luchando. No queremos tan solo tener lugares propios y especiales: la libertad es más bonita cuando se comparte en todos los ámbitos. Cuando llegue el día en que no tengamos que llamarnos lesbianas, entonces, ese día, nos sentiremos totalmente libres.

Concha Arnal

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