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DROGAS

Fuimos complacientes y estúpidos, pobres ignorantes a la búsqueda de no se sabe que paraísos que resultaron infiernos, tan tópico como cierto.  Murió Franco, agonizó el franquismo y todo nos llegó de repente, en un totum revolutum que mezclaba rock y canción protesta, melenas hippies, cazadoras negras y crestas punkis; pensamiento ácrata y centralismo democrático; Lenin, Bakunin, Toni Negri, Lou Reed y Janis Joplin; mayo del 68 y 77 italiano. En los quince años que transcurren entre 1976 y 1991 nos dio tiempo a soñar con la revolución y a reírnos de los revolucionarios. Y del zurracapote y los málaga de mala muerte con cacahuetes de La Cuadra de Félix pasamos sin transición al canuto, el caballo, a las pastillas y a la coca. El líder comunista o libertario de dieciséis años convertido a los dieciocho en yonqui y pequeño traficante; la joven y brillante recién licenciada en derecho que se acuesta con un hijo de puta que vende heroína a los progres en los garitos de moda.
Hablo con Chema y los dos reímos y lloramos contemplando fotos de amigos que ya nadie mira, que no tienen álbum que las guarde porque todos sus rostros hace tiempo que se pudrieron en los cementerios, víctimas de sobredosis o del SIDA. Los que tuvieron suerte: otros se perdieron para siempre en asépticos psiquiátricos o asquerosas cárceles.
Historias. El marido que abandona a su mujer harto ya de sufrir los continuos abusos de sus dos hijos drogotas. Venas cortadas en un brazo amoratado y podrido por los pinchazos. El gracioso de Juan, que se quedaba colgado mirando las ventanas que, gracias a los tripis, nunca cesaban de abrirse y cerrarse solas. El punki de quince años atiborrado de alcohol y pastillas que vomitaba el alma para llegar a su casa antes de las once de la noche. El colega que te mangaba libros, que vendía sus discos, que robaba a su madre, que mentía y mentía sin parar, que arruinó su vida y la de su familia.
¿Qué pasó, qué diablos pasó para que toda una generación desapareciera tragada por la niebla? Chavales y chavalas con rostro, con amigos, con familias, con vidas por vivir que acabaron en torturas infinitas y recuerdos que maldigo.
Enzarzados en bizantinas discusiones sobre las diferencias entre drogas blandas y duras, dejamos que la serpiente anidara en nuestros corazones. Mientras culpábamos al Estado de permitir que la heroína destrozara los movimientos sociales, reíamos las malditas bromas de nuestro amiguete siempre cocido, perdonábamos las “travesuras” de  nuestros hermanos pequeños haciéndoles vomitar y tomar café a patadas para que nuestros padres los vieran presentables. Y todos juntos engordábamos las cuentas corrientes de estados corruptos y organizaciones criminales. ¿A qué coño estábamos jugando?
Como aquél que mató a sangre fría por la revolución o la patria y luego descubrió su tremenda impostura, como aquél que salió vivo de los campos de la muerte, los que sobrevivimos, los que no caímos fulminados por el polvo blanco o agonizamos lentamente por la cirrosis o el SIDA,  jamás nos lo podremos perdonar: los mejores hace tiempo que ya no están con nosotros.

Miguel nació en 1961. Era pequeño y guapetón. Gran lector y extraordinario dibujante, poseía una inteligencia fina y poderosa. A los dieciséis años fue expulsado del Colegio La Salle por vestir contra la norma y por sus ideas ácratas. Muy jovencito se enamoró de Inma y vivió siempre con ella. Fundó el bar Interferencias, un centro de la movida zaragozana, y, años más tarde, el sello discográfico Grabaciones Interferencias, en el que se publicaron los primeros discos de bandas míticas como Más Birras, Ferrobós, Tako, John Landis Fans o Proscritos. Inma y Miguel jugaron con las drogas y acabaron enganchados a la heroína. Vendieron su casa, su bar y perdieron su negocio discográfico, dejando una fuerte deuda económica que tuvo que afrontar su familia. Después de varios años de calvario emigraron a la República Dominicana, libres ya de su adicción. Allí fundaron la ONG (Organización No Gubernamental) Clara y realizaron una tenaz e innovadora labor de lucha contra el SIDA en el área del Caribe.  Miguel trabajó también como consultor para ONUSIDA, Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA.
En 2003, enfermo de SIDA,  vuelve a España para morir acompañado por su familia. Su entereza, valor y ánimo combatieron la angustia de mi familia y nos llenaron de orgullo y coraje. Entre mis libros un marco de cuero encuadra una foto en la que, sonriente, sostiene entre sus brazos a mi hija Lola. Siempre está.

Paco Goyanes

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