Bares – zgz rebelde https://sindominio.net/zaragozarebelde zaragoza rebelde - 1975, 2000 - movimientos sociales y antagonismos Mon, 19 Apr 2010 09:40:52 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.1 EL MONAGUILLO https://sindominio.net/zaragozarebeldeel-monaguillo Mon, 05 Apr 2010 11:24:50 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=4098 See image gallery at 192.168.122.201] ]]> BV-80 https://sindominio.net/zaragozarebeldebv-80 Mon, 05 Apr 2010 11:19:49 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=4096 See image gallery at 192.168.122.201] ]]> BARRIO LATINO https://sindominio.net/zaragozarebeldebarrio-latino https://sindominio.net/zaragozarebeldebarrio-latino#comments Tue, 21 Apr 2009 09:56:14 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1701
Abrimos el Barrio Latino en julio de 1994, evidentemente como nuestro medio de vida, optando por el autoempleo, pero sin olvidar los diferentes movimientos sociales en los que participábamos en mayor o menor medida. Movimientos de los que nuestro negocio tampoco se podía desvincular al estar nosotros al frente, colaborando en todo aquello que estuvo en nuestra mano, principalmente con la distribución y venta de material alternativo de todo tipo y de diferentes colectivos, ofreciendo el Barrio como lugar para realizar fiestas y aquellas actividades que pudieran tener lugar en un espacio como un bar y así sacar dinero para alguna campaña y/o colectivo concreto, etc.
Todo esto nos marcó de una forma muy clara, tanto a nosotros (si no lo estábamos ya) como al bar. Con esto me refiero a que, del mismo modo que  el Barrio era un lugar de ocio donde intentamos que la gente se sintiese lo más a gusto posible, también  quisimos ser un espacio difusor de ideas y de diferentes luchas, lo que nos convirtió en objetivo de nuestros enemigos, con lo que supone, y lo vulnerable que te hace, tener un espacio abierto al público.
Antes de entrar en detalles, en situaciones concretas, positivas y negativas, me gustaría hablar del entorno en espacio y tiempo en el que se situaba el Barrio Latino. Como ya he dicho antes, abrimos en el 94. Los primeros años noventa fueron, para mí, los años de la insumisión y el antimilitarismo, la ocupación y el antifascismo. Movimientos en los que estaba involucrado y en los que participábamos. Recuerdo aquellos primeros meses del Barrio, marcados por un gran número de insumisos represaliados, tanto encarcelados como en busca y captura, el segundo desalojo del okupado colegio San Agustín y diferentes agresiones fascistas y policiales de las que, por desgracia, en alguna fuimos protagonistas.
Estábamos situados en la calle Supervía y, en un entorno más o menos pequeño, coincidíamos varios bares de una misma tendencia, bares de conocidos o amigos o en los que trabajaban personas implicadas en los mismos movimientos sociales. A la memoria, muy castigada a estas alturas, me vienen el Berlín, Beirut, Cráneo, La Tecla, Planta Baja, Utopía, El Valle y alguno más que, seguro, olvido. Desgraciadamente para nosotros, y para ellos, también estábamos muy cerca del bar donde se reunía el Ligallo Fondo Norte (LFN, grupo ultra del Real Zaragoza) y de otros con los que se tuvo diferentes enfrentamientos y problemas, siempre con la ideología como causa y fondo de los conflictos, contrariamente a lo que los medios de comunicación, en múltiples ocasiones, trataron de enmascarar como broncas entre “tribus urbanas”, concepto muy utilizado en los noventa que trataba de desideologizar estos conflictos y de asemejar colectivos de izquierda con la extrema derecha e intentando invisibilizar la existencia de grupos y agresiones fascistas.

Como a todo el mundo, las experiencias negativas y dolorosas dejan una huella y un recuerdo difícil de olvidar, y de éstas, por desgracia, en cuatro años que estuve al frente del Barrio tuvimos unas cuantas. Nombraré algunas sin entrar en muchos detalles simplemente para que la gente que no estuvo con nosotros en aquellos momentos se haga una idea de lo que tuvimos que afrontar en nuestro lugar de trabajo. Quede dicho por delante que, antes de abrir las puertas del Barrio por primera vez, teníamos asumido que esto podía pasar… y pasó.
La primera agresión, y la más grave, tuvo lugar el primer día de pilares del 95. Un ataque en dos tiempos por parte de una banda de motoristas machote-garrulo-fascistas llamados “Templarios”. Las sorpresas vinieron cuando la policía llegó al exterior del bar y comienzan los saludos fascistas y militares por parte de esta gentuza hacia los agentes. De entre los detenidos e identificados había algún militar profesional, guardia civil e, incluso, un miembro de la brigada de información que se identificó como tal y que andaba buscando objetos personales que sus coleguitas habían perdido en la bronca multitudinaria. Todo acabó con  mi compañero en el Barrio hospitalizado con fractura de mandíbula, varios detenidos por parte de los agresores y posterior juicio en el que, por supuesto, salieron todos absueltos.
En otra ocasión, un 20-N para ser exactos, saliendo del bar de madrugada, fui perseguido por un grupo de nazis que me esperaban por los alrededores dentro de un coche. Me persiguieron con el coche y a pie, me salvé de una paliza, como mínimo, saltando a las orillas del Huerva y escapando como buenamente pude. Después de eso no volví a salir sólo del bar en una buena temporada.
Después de éstos tuvimos otros episodios más o menos graves de enfrentamientos con neonazis, pseudo fascistas, fascistas, garrulos, neogarrulos y futboleros, no siempre dentro del bar, pero sí en los alrededores y con gente que venía por el bar asiduamente como protagonistas. Estos enfrentamientos tuvieron su punto álgido con el ataque masivo al bar Beirut por parte del LFN. En este punto me gustaría detenerme un momento por lo sangrante de la situación, ya que, aunque no fue el Latino el bar implicado directamente en esta ocasión, sí lo fue uno muy cercano a nosotros (cincuenta metros escasos). La agresión fue repelida desde el interior  por la gente que estaba en ese momento en el bar. La policía, tan eficiente en otras ocasiones, tardó lo indecible en aparecer, a pesar de que estos problemas se repetían cada domingo que el Zaragoza jugaba en La Romareda. Hubo una grabación en video, desde un domicilio cercano, de diecisiete minutos de duración y aún así sólo hubo un detenido y finalmente ningún inculpado. Para que luego digan que no hay permisividad con estos grupos.

Los cuerpos uniformados también tuvieron a bien hacernos varias visitas. Recuerdo varias redadas en busca de drogas y/o armas (¿?) identificaciones, registros varios e incluso la presencia de antidisturbios con sus cascos, escudos, porras y demás complementos, después de una manifestación por el centro de la ciudad. En esa ocasión había por lo menos siete u ocho insumisos en rebeldía dentro del Latino que, por obra y gracia de la eficacia policial, no fueron detenidos.
Por suerte hubo más buenos momentos que malos, ya que estos últimos fueron hechos puntuales y la tranquilidad era lo habitual.
La música que se ponía en el Latino era principalmente punk y HC (Hard Core), de todas las procedencias y orígenes, aunque también, disfrutando del buen humor y de la diversidad, tuvimos tiempo para hacer fiestas horteras y de apoyo a diferentes colectivos, audiciones musicales, teatro, dj’s e incluso, para uno de los aniversarios de apertura, un concierto de El Corazón del Sapo, banda ejeanozaragozana de HC fundamental en la escena alternativa de la ciudad y del Estado en aquellos años. Como todo el mundo podrá imaginar, de las grandes fiestas y celebraciones los recuerdos son un poco más débiles y  borrosos.
Fueron años muy intensos -después de todo tenía veintitrés años cuando abrimos el Latino-, de mucha exposición personal, de mucha acción, pero también de mucha represión.
Estos bares, como tantos que hoy existen, sirvieron y sirven de primera toma de contacto con ideas, experiencias y movimientos sociales para mucha gente. Los bares  siguen siendo un lugar de socialización muy importante y a muchas personas les es más fácil el acercamiento a colectivos, luchas etc. a través de unos espacios de ocio y relación como estos.

Afortunadamente y a pesar de las dificultades siempre ha habido, hay y habrá bares molestos en las ciudades, y no precisamente por el ruido…

Negro

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LOCALES PARA LA UTOPÍA. LA MADALENA Y SUS BARES (1980-1990) https://sindominio.net/zaragozarebeldela-madalena-y-sus-bares https://sindominio.net/zaragozarebeldela-madalena-y-sus-bares#respond Sat, 21 Apr 1990 10:15:12 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1710 Los bares del barrio zaragozano de la Magdalena (para muchos de sus habitantes, escrito Madalena, despojándole del encorsetamiento gramatical, religioso y oficial) bullían de actividad política y cultural durante la segunda mitad de los años ochenta y la primera de los noventa. Todos los grupos e individuos de tendencias anarquistas y comunistas con coincidencias antisistema, se daban cita en aquellos locales. Eran tiempos de poder absoluto del PSOE, partido que amalgamaba los razonables odios de muchos jóvenes dispuestos a vivir de otra manera. La calle San Lorenzo era el eje, entre el Coso Bajo y San Vicente de Paúl. Allí, en unos pocos metros, podías pasar de tomarte unas cañas en La Estaca de Luisiñu, al minúsculo bar de enfrente, La Pluma, donde sus entrañables dueñas cuidaban de los corazones más radicales, y Mauricio Aznar (cantante del grupo Más Birras) lloraba tangos con su guitarra. Justo al lado, en El 44, podías acompañar los litros de cerveza con la ingesta de tapas variadas, mientras contemplabas la exposición de fotos de la manifestación anti-OTAN del 86 en Madrid. Pululaban personajes de vitalidad inagotable, que inventaban nuevas letras alcohólicas y militantes para las melodías de siempre, mezclados con los brazos multihoradados de aquellos yonquis que poco a poco fueron muriendo. Aparecía el SIDA, y mientras en los barrios residenciales los papás guardaban en formol a sus hijos adolescentes, en la Madalena se vivía la enfermedad como un nuevo invitado, conscientemente, sin complejos. El Gallizo, amplio y con buenos bocadillos, se prestaba más a la tertulia en sus mesas destartaladas. Vivero de músicos sin instrumento, de poetas sin bolígrafo, de niños que jugaban con los perros y tomaban la calle en las noches de verano.
Cuando la empresa de autobuses locales expulsó de su nómina a los líderes del CUT, un sindicato como los de antes, algunos de ellos pusieron bares por la zona. En la calle Mayor, a cuatro pasos de la torre mudéjar más impresionante de la ciudad, se abrió el Entalto, quizás el más politizado de todos. Allí se reunían tanto los miembros de los partidos y agrupaciones de la izquierda extraparlamentaria, como algunos elementos díscolos del PCE oficial, que pronto abrió su sede en las inmediaciones. No faltaban los siniestros elementos de la policía secreta, que intentaban sacar datos para las listas negras. Pero casi todos los camareros los conocían. Mezcla infinita de aragonesistas recalcitrantes (cantera para aquel simpático partido, Chunta Aragonesista, que luego se convirtió en receptáculo de nuevos políticos al uso); sus embajadores no oficiales, Ixo rai!, que inventaron una mezcla de folclore aragonés con la parodia festiva y el rock alternativo, apadrinados en sus inicios por el mismísimo Labordeta; anarquistas de la CNT y neoanarquistas de la CGT; libertarios sin sindicato y mucha dosis de cinismo; profetas de las nuevas tecnologías en forma de radios libres; fumetas descatalogados; proletas y paletas; expertos en antropología pirenaica; cinéfilos, gurús, rastafaris, lolitas, pitagorines, saltimbanquis, tragafuegos, funcionarios camuflados, barbudos, ecofontaneros, fanzineros, vividores, despistados, borrachos y algún sobrio.
En los márgenes, por un lado el Windsor, en el Coso Bajo, con sus techos y su barra altísimos, como en los antiguos casinos de los pueblos, y sus camareros a punto de jubilarse, siempre con el ceño fruncido ante tanta variedad de jóvenes inquietos. Y en la calle Martín Carrillo, importado del País Vasco, el Pottoka, con su rock radical y otras músicas diversas y sus papeletas de Herri Batasuna para las elecciones europeas. En los últimos tiempos, abrieron El Refugio del Crápula, con la intención de servir de café por las tardes, con sus mesas, sus ajedreces y sus planos antiguos de la ciudad; y de pub por las noches, con sus actuaciones y su música festiva y alternativa. Pronto, y hasta hoy, quedó convertido sólo en lo segundo.
En la margen derecha del Coso Bajo, en la calle San Agustín, bullían en los ochenta  pequeños locales como La Tortuga y el Barrio Verde. Este último, “Asociación cultural y recreativa”, trasladó su sede a la calle Doctor Palomar, en el bar La Vía Láctea. Activo organizador de charlas, cinefórums, conciertos, cabarets delirantes, proyecciones de diapositivas, celebraciones y cualquier evento festivo-político-cultural-lúdico-lisérgico que se preciara. En sus bajos se alojó alguna radio libre, algún local de ensayo, algunos cursos de las más variadas disciplinas, organizados por colectivos antimilitaristas, feministas, vegetarianos, surrealistas y de decenas de tendencias, a veces contradictorias, siempre vitales.
Aquella red de locales impensable, colorista y  explosiva se ampliaba durante las fiestas del Pilar con la apertura de Liberagoza, Nogará y otros establecimientos anejos en el entorno de la calle Palafox. Se trataba de celebrar una fiesta alternativa, más humana, más solidaria, más justa, más real. Ya no era “el Pilar” sino “el Privar”, o sea beber, como símbolo de libertad y de oposición a aquella sociedad gris y oficial, que lamentablemente hemos heredado corregida y aumentada, y que en buena medida ha fagocitado a aquella troupe de consumidores de cáñamo (por las alpargatas) y de ilusión. El microcosmos de la Madalena, aún vivo pero sin el toque mágico de las transiciones políticas, era una fiesta continua para los sentidos y para la utopía.

Antonio Tausiet

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LOS BARES REBELDES DE LA MADALENA https://sindominio.net/zaragozarebeldebares-de-la-madalena-en-los-80-y-90 Fri, 20 Apr 1990 11:10:59 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=4093 See image gallery at 192.168.122.201] ]]> ENTALTO https://sindominio.net/zaragozarebeldeentalto https://sindominio.net/zaragozarebeldeentalto#respond Mon, 24 Apr 1989 12:31:44 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1751 El Entalto ha significado aprendizaje sobre lo humano,  me ha enfadado,  me ha dado momentos  sublimes,… Creo que es un ente al que le ha aportado algo todo el que ha pasado por él, con más o menos implicación.
Lugar abierto donde  se han experimentado situaciones sociales, culturales, sexuales, políticas, restrictivas,  comunicación, incomunicación, solidarias e insolidarias.
Nació como una posibilidad de dar infraestructura y poner un local más en el barrio de la Magdalena (crisol de tendencias en 1989) para que las turbulencias sociopolíticas de aquel momento tuvieran  un foro y espacio donde poder convivir.
MOC, CUT, MCA, POSI, CGT, CNT, Asamblea por la Insumisión, ecologistas, lesbianas, homosexuales, heteros no homófobos, Rebel, centrales sindicales, asociaciones de vecinos, el culto al alcohol, consumo de drogas.
Y muchas  más sensibilidades.
Ha sido un vaciado personal completo por parte de Ana y mío, mi familia y amigos y también por tantas personas  que lo han considerado suyo y  han echado una mano.
Me ha gustado participar y me ha encantado volcarme en ese proyecto porque a la vez me ha llenado de experiencias y de conocimiento.
Creo que ha tenido un peso específico en la marcha cultural, conjuntamente con el Gallizo, el 44, La Estaca de Luisiño, La Pluma, el Windsor, el Thor, el del Titi (Quasar), seguro que se me olvida alguno.
También ha ayudado al entendimiento entre los vecinos que vivían y viven, de que los que pasaban el ocio en el barrio sólo querían eso, sentirse partícipes del  barrio.
Y sobre todo, ha dejado que cada uno tuviera la opinión de lo que el Entalto era y es, sin ningún ánimo de militancia en torno a él.
Eso creo, que el Entalto ha sido un ejercicio de salud.

Bar Entalto

Ramón Alconchel

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MEMORIAS DE MONCASI https://sindominio.net/zaragozarebeldememorias-de-moncasi https://sindominio.net/zaragozarebeldememorias-de-moncasi#comments Sat, 20 Apr 1985 10:54:21 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1619 En el principio fue El Uno. Y no, no estoy hablando de Dios. En realidad todavía no era El Uno. No lo sería hasta que abrieran el Dos, en el camino de Las Torres, unos años después. Era el Bohemios, en el semisótano de la calle Moncasi nº 5. Cuando lo abrieron había colchonetas en el suelo y ponían música ¡clásica! No sé el año exacto, yo creía que era hacia 1974, pero me aseguran que fue más bien hacia 1971. Desde luego Franco vivía y coleaba. Recuerdo una redada de la pasma allí buscando, no drogas, sino comunistas.
Poco a poco irían abriendo otros bares musicales para dar forma al nuevo ambiente juvenil que se estaba formando. Me vienen a la cabeza el Lumpen y el Garito, por el Mercado Central, el  Musical Box, El Rollo, el Pachá y el Bohemios-2, que se convirtió enseguida en el principal punto de reunión.
1975 fue un año decisivo y no sólo por la muerte del dictador. Yo era un universitario de Letras de diecinueve años y desde hacía tres ó cuatro era lo que luego se llamó un “compañero de viaje” de los comunistas. Pero el marxismo-leninismo desde luego no colmaba nuestras ansias de conocimiento y libertad. Ahora se denomina pre-transición y se reivindica el período que va de 1969 a 1973/74 y desde luego que entonces la cultura –aparte de los amigos y el alcohol, por supuesto- era nuestra principal ventana al exterior y válvula de escape. Libros, películas y discos.
Hoy puede resultar difícil imaginar la importancia que tuvieron para nosotros en los primeros setenta cosas como el boom de la literatura latinoamericana (los relatos de Cortázar y después Rayuela, Conversación en La Catedral de Vargas Llosa, El obsceno pájaro de Donoso, la poesía y El arco y la lira de Octavio Paz, Paradiso…) o los libros de los disidentes del marxismo y el psicoanálisis (Marcuse, Fromm y, sobre todo, Whilhelm Reich). O que los cineclubs fueran entonces lo más parecido a lo que hoy puede ser ir a un concierto. En las salas de los colegios mayores nos vimos todas las “nuevas olas” del cine europeo (la nouvelle vague, el free cinema, el neue deutsche film…), incluidos los países del Este, casi todo Buñuel (Nazarín, El Angel Exterminador), Bergman y delicias sueltas como Golfus de Roma, El baile de los vampiros o Corredor sin retorno. En cuanto a la música, si a finales de los sesenta nos había llegado el beat inglés, el rhythm’n’blues, el soul…, en los setenta nos fue llegando una avalancha de vinilos de sonido excitante y free. ¡Llena tu cabeza de rock!, Blood Sweat & Tears, Coltrane y Miles Davis (Bitches Brew), Soft Machine, McLaughlin, Zappa y su Hot rats, Tangerine Dream, Archie Shepp…
Pero más decisivo que todos estos impulsos por separado fue el hecho de que, alrededor de ese año de 1975, se empezó a extender el consumo de drogas –hachís y ácidos, ya que las anfetas eran moneda corriente entre los estudiantes- que antes sólo se daba en círculos muy restringidos. Ya se sabe que las drogas, al contrario que el sexo, es una experiencia decreciente. El sexo se supone que lo vas disfrutando más con la práctica, sin embargo las primeras experiencias con las drogas son cimas para siempre jamás inalcanzables. Para nosotros supusieron una revolución personal sin precedentes. En definitiva, igual el tan manido desencanto se produjo cuando nos dimos cuenta que la revolución política y social no se iba a producir nunca y trasvasamos nuestro idealismo a la prosecución de una revolución personal. La revolución sexual, las comunas, el hippismo, la antipsiquiatría, el arte pop, el absurdo y la transgresión, la contracultura en suma, sustituyeron en un santiamén a los Marx, Engels, Freud o Nietzsche anteriores.
Dejamos los estudios ese mismo año y empezamos a viajar (la muerte de Franco me cogió en Montreal, al año siguiente me libré de la mili en el consulado de Londres), luego pasé unos años yendo y viniendo a Barcelona, pero sin perder nunca el contacto con la ciudad. Cada vez que volvía había algún nuevo garito recién abierto. Calculo que sería 1978 cuando me dijeron que un colega había cogido el Bohemios 1 y había muy buen ambiente.
En realidad Jose le había cambiado el nombre y ya no se llamaba Bohemios, sino El Golem, aunque esto no lo sabía casi nadie. Pobre José, quién iba a pensar que ese Golem –una especie de criatura de Frankenstein, creada por un cabalista de Praga- sonaría con los años como una premonición trágica y acabaría, también él, destruyendo a su creador.
El núcleo de la clientela lo formaban gente dos ó cuatro años más joven que yo, provenientes del Instituto Pignatelli, ya ajenos al marxismo, algunos anarquistas militantes (Juanjo o el mismo Patillas), la mayoría vagamente libertarios. Varios venían del grupo de teatro -La Mosca- algunos empezaban a hacer música juntos, otros escribíamos poesía…, como Rimbaud éramos poetas-contrabandistas. En diciembre de 1978 publicábamos en Barcelona el primer, y último, número de El Sueño del Idiota. Revista de creación gráfica y literaria, con colaboraciones de poetas y estudiantes de Bellas Artes zaragozanos y barceloneses. Leíamos entonces mucha literatura decimonónica (postrománticos, decadentes, góticos, simbolistas, premodernos…), autores como Baudelaire, Lautréamont, Novalis, Lovecraft, De Quincey (mi preferido, por sus Confesiones y Del Asesinato), pero también libros como el Diario del ladrón de Genet o Miedo y asco en Las Vegas. Las largas melenas todavía imperaban y el nexo de unión eran las drogas y la música compartidas. Había un desprecio del trabajo asalariado absoluto (Vivir sin trabajar/ Vivir sin trabajar/ La vida pirata la vida mejor/ ¡Ohh, la botella de ron!) y un flirteo con la idea un poco romántica del delito. El trapicheo estaba a la orden del día y era casi general, lo que hizo que la recoleta calle Moncasi pronto se convirtiera en una “pequeña Amsterdam”, con una hilera de grupitos e individuos apostados a lo largo de la calle con sus barritas y tripis. Como es natural enseguida fue llegando otra gente, entre ellos algunos verdaderos delincuentes.
La música que sonaba en El Uno reflejaba perfectamente el período de transición en el que estábamos. Al lado de los inevitables Lole y Manuel, Triana, Lou Reed, JJ Cale, Tequila o los Stones, ya se escuchaban allí los discos de Roxy Music, Eno, Ultravox, John Cale, Talking Heads, Clash, Ian Dury, Kraftwerk o Joy Division. Yo me corté la melena en la navidad del 78: la new wave y el punk estaban irrumpiendo en nuestro país.
Pero, mientras tanto, Jose fue encarcelado tras una redada en el bar y ahí pasaría uno o dos años con intento de suicidio incluido. Cuando esta noticia salió en el periódico, El Uno empezó a llenarse de indeseables en busca de carnaza. Pilar, la novia de Jose, y luego su hermano “Venancio” aún lo mantuvieron abierto unos meses, pero en 1980 el Bohemios 1 cerró definitivamente sus puertas. Eran los tiempos en que una nueva e insidiosa droga empezaba a introducirse, muy poco a poco pero de manera imparable, en nuestros ambientes. El caballo empezaba a cabalgar sobre Moncasi.
Al cerrar El Uno la basca buscó refugio en garitos cercanos:  Brujas, La Ideal, Parrots, Crepa… o más lejanos como Piccolos o Barrio Verde. Por entonces debieron abrir el Ilium (luego, Interferencias) y allí fuimos también todos. Yo, tras unos intentos ruinosos de montar conciertos de nueva ola a primeros de 1980 (Paraíso y Aviador Dro) seguía viviendo más en Barcelona que aquí y en una de mis visitas me encuentro abierto de nuevo el viejo sótano de Moncasi, totalmente remozado. Había nacido el Escaparate.

Escaparate

Me cuenta Paco (el Moro) que estaban dando los últimos retoques antes de inaugurar cuando saltó la noticia del intento de golpe de Estado de Tejero, o sea que la datación es clara: febrero de 1981. El Escaparate no tenía nada que ver con El Uno, de hecho era un bar de diseño (un poco cutre, pero diseño; Suso, el otro dueño, es un artista gráfico), un bar nuevaolero y moderno. Mientras en El Uno había un ambiente un poco “cerrado” y bastante apalancado, el espacio central del Escaparate era una pequeña pista de baile. Las drogas ya no tenían el protagonismo, que volvía al alcohol y, de nuevo, a la música. A través de Pol y Fina Gayoso se surtían de las novedades de Londres. Ramones, The Jam, Undertones, Cramps, Siniestro Total, Dead Kennedys, D.A.F., Gabinete Caligari… eran parte de su extensa banda sonora. Pese a que a algunos viejos hippis y rockeros les parecieran un poco moñas y a alguna pelea con los punkis del Arrabal amigos del Cota, lo mejor del Escaparate era la convivencia que se daba entre los diferentes grupos de jóvenes: rockeros, mods, rockabillys, punks, tecnos, vanguardistas, gays,  camellos o marchosos sin más, juntos alrededor de la música y de ese “espíritu de Moncasi”, que era algo equivalente a libertad y modernidad.
En enero de 1982 abríamos las puertas de Disco-Shop Piratas en el nº 13 de Moncasi, una minúscula tienda donde vendíamos discos de importación y de los recién nacidos sellos nacionales, discos de segunda mano (que habían dejado de venderse en Zaragoza hacía tiempo), maquetas, fanzines y chapas. Enseguida empezamos a publicar nosotros los fanzines y los cassettes, y aquello se convirtió en un foco importante en la escena local. Un hito fue la edición de un cassette –Zaragoza, capital del desierto. Vol. I- a raíz de uno de los increíbles conciertos que se celebraban en el Escaparate. En este caso las actuaciones eran del 18 de octubre de 1982 (la cinta salió a principios del 83) y los grupos en directo son Parkinson, IV Reich y mi propia banda, Bulbo Raquídeo, sin duda los grupos más representativos de Moncasi, junto con Golden Zippers (los que más se lo curraban), Alta Sociedad y otros más efímeros como Cloacas Callejeras, Makinaria de Suspiros, Barra de Punk o Sistema de Alarma. También pululaban por ahí gente de los Cocadictos (grandes rivales de IV Reich), Dr. Simón y los Enfermos Mentales y Ángel Petisme y su ¿Qué es el Optimismo?
Otro momento importante fue el Festival Especial Mutantes, que organizamos en el recién abierto Caligrama, en febrero de 1983, con Bulbo Raquídeo, Grupo Divisione Industriale (antes, Sistema de Alarma) y los barceloneses Error Genético, que prefiguró la línea por la que nos íbamos a decantar nosotros, más orientada a la experimentación, el ruido, la electrónica y, en suma, el extremismo gráfico, ideológico y sonoro. Burroughs, Ballard y la ficción especulativa, grupos de sonido “industrial” como S.P.K.  o Throbbing Gristle serían nuestras nuevas referencias. Con el tiempo fuimos derivando a corrientes más próximas a la “tradición de la vanguardia” (valga el retruécano) como la electroacústica, la performance, el videoarte, el arte postal, la poesía visual y sonora, etc.
Casi un canto de cisne de los grupos de Moncasi fue el Concierto desde el III Mundo por el Hambre en Nueva York que, en un ejercicio de socarronería muy aragonesa, organizaron en el cine Venecia los grupos Parkinson (una de sus últimas actuaciones), IV Reich (aún durarían unos pocos años más), Más Birras (recién nacidos de las cenizas de Golden Zippers) y unos Gastos Aparte de los que no me acuerdo. Era junio de 1985 y se producía el primer relevo de las nuevas bandas zaragozanas con el surgimiento de grupos como los ya citados Más Birras (los mejores continuadores del espíritu moncasiano), Especialistas, Parásitos, Manolo Kabezabolo, John Landis Fans y otros.
Cuando a primeros de 1984 cerré la tienda, hacía ya un tiempo que el Escaparate sólo abría los fines de semana y pronto lo traspasarían. Yo me subí los bártulos a mi piso en la calle Vasconia y fundé el Sindicato de Trabajos Imaginarios (STI), cuyo ámbito de acción tenía muy poco que ver con Moncasi y fue haciéndose cada vez más internacional.
Moncasi empezaba su declive, apenas mitigado por la pujanza del Interferencias, de Miguel e Inma, que resistió numantinamente durante años. Después de un breve período en que la mescalina había aportado su fulgor y su buen rollo, la heroína y la cocaína empezaban a extenderse y a viciar el ambiente de manera irreversible.
Quiero terminar estas memorias con un recuerdo para aquellos que sucumbieron en el camino, por desgracia demasiado numerosos para nombrarlos a todos. Juanjo, su hermano Josi y la mujer de éste, Lola, Fernando el Indio, Charo, Consuelo, Troncho, Charly, Luis (el marido de Carmen), Maite, el pequeño Santi, el loco Pedrito, Javi de los hermanicos, Miguel e Inma, Pilar, Quino (seductor, guitarrista y cantante de Kaos y, temporalmente, de Parkinson y Más Birras), el gran Mauricio y dos personajes muy especiales: la Pati, musa de la movida moncasiana que tocó el bajo tanto en Parkinson como luego en IV Reich y, por último, mi socio y principal colaborador, tanto en Disco-Shop Piratas como en el STI y en Bulbo, Ayrton, un portentoso creador (Visor X, Sistema de Alarma, Grupo Divisione I.) Todos ellos bellas personas, algunos excelentes, que se vieron privados de la visión de la vida desde el recodo del camino.

Viriato

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LOS HILOS DE LA MEMORIA https://sindominio.net/zaragozarebeldelos-hilos-de-la-memoria https://sindominio.net/zaragozarebeldelos-hilos-de-la-memoria#comments Fri, 29 Apr 1983 11:17:16 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1890 La memoria es una caja llena de hilos. No es posible deslizar uno de ellos sin que todos los demás se muevan. Si tiro del extremo del hilo rojo que me lleva a 1975, no puedo evitar el movimiento de los hilos cercanos.

El año en que murió el dictador Franco yo vivía en el Barrio Oliver. Entonces, como ahora, había más bares que farmacias y todos tenían nombre propio. Como ahora, los bares eran pequeñas metáforas del mundo. Muerto el perro, se manifestó la rabia y los bares del barrio -no las farmacias- recetaron antídotos: un plato de aceitunas y, como mínimo, una copa de cava tomada a sorbos rápidos o lentos, según el caso, pero siempre acompañados de un irrefrenable deseo de libertad. Tomé mi antídoto en el mismo bar en el que el 19 de marzo del año anterior, sólo dos semanas después de la ejecución de Puig Antich, fui detenida junto a otras diecisiete personas tras una manifestación por la mejora del transporte público.

Quizás como consecuencia del antídoto contra la rabia, me trasladé a Vigo donde de nuevo fue un bar el escenario de mi detención -a punta de metralleta- junto a otros militantes del Partido Comunista, tras la manifestación del 1 de Mayo de 1976. Y en la barra del bar en el que desayunaba antes de entrar a la fábrica se produjo mi tercera detención. Llegaron después la legalización de los partidos políticos, las primeras elecciones -en las que no pude votar porque todavía no existía una Constitución que recogiese la mayoría de edad a los dieciocho años- y mi regreso a Zaragoza.

Los bares habían tenido, sin duda, una presencia importante en mi vida. Eran y son lugares de encuentro, válvulas de oxígeno distribuidas por la ciudad, por las ciudades. Si hasta la muerte del dictador habían sido espacios en los que poder compartir en voz baja palabras prohibidas, con la llegada de la democracia se convirtieron en muchas ocasiones en auténticos generadores de cultura. Rara es la persona que no identifica una etapa determinada de su vida con un lugar de encuentro, con un bar frecuentado por razones de afinidad con una propuesta musical, gastronómica o, simplemente, humana.

Lo que desde luego no podía prever es que, de manera en principio azarosa, los bares fueran a convertirse en mi medio de vida. El Monaguillo -una maravillosa y abandonada bodega del siglo XVI, que había formado parte de la desaparecida Iglesia de San Juan y San Pedro, en el corazón mismo de la ciudad- se abrió en 1983 con la música clásica y los bocadillos vegetales como reclamo. Santo Dominguito de Val sobrevolaba la barra mientras unos coloridos angelitos de cartón piedra ocultaban, sobre nubes de paja, los impertinentes tubos del desagüe. La Iglesia, tan acostumbrada históricamente a sacralizar los eventos populares y laicos que hubieran sobrevivido a su intento de extinción, era, en este caso, objeto de desacralización, lo que en aquel momento significaba, cuando menos, una toma de posición anticlerical. Durante esa primera etapa de gestión compartida con Alejandro Molina, el Monaguillo fue lugar de encuentro de muchas personas relacionadas con el mundo del arte y la cultura. Cuando, más adelante, el Ayuntamiento exigió una nueva escalera, el espacio se amplió, la música clásica cedió su lugar al baile y se construyó un pequeño escenario por el que desfilaron la mayor parte de los músicos y músicas de la ciudad de la mano de Dani Clemente que se encargaba de las programaciones con el visto bueno de la entonces jovencísima Ivana Molina.

Pero nunca suena a gusto de todos. Y si el disgusto es de alguien con poder suficiente para imponer silencio, el Ayuntamiento te exige callar. Y así fue. El Monaguillo, tras duras peleas por sobrevivir, fue clausurado por orden municipal en junio de 1997, dejando un gran vacío y empobreciendo todavía más el escaso escenario ciudadano para la música en vivo.

Y si, tiempo antes, no podía prever que los bares fueran a convertirse en mi medio de vida, mucho menos que se convertirían en mi modo de vida. Porque el Sopa de Letras, pequeño local de la calle de San Félix que convivió durante un tiempo con el Monaguillo, llegó a convertirse en un modo de vida. Se abrió en abril de 1995 y sobrevivió hasta 1999. Era un espacio mínimo en el que cabía todo: la música, el cine, la palabra… «Solo de letras. Quince minutos de poesía con Luis Felipe Alegre», decía un cartel amarillo. Y todos los miércoles, Luis Felipe ponía su generosa voz al servicio de la poesía y de nuestros oídos. Preparábamos esos quince minutos con tanto mimo y entusiasmo como si se hubiera tratado de un estreno en el Teatro Principal. Confeccionábamos poemas-servilleta y toda clase de poemas-objeto. Ofrecíamos, elaborada con la insuperable receta de Fernando Dolado, sopa de letras caliente que alimentó estómagos tan ilustrados como los de Nancy Morejón, Javier Sádaba, Carlos Grassa, nuestro inclasificable Pedro Savirón o Leopoldo María Panero (poeta que ya había dejado su poso de cordura en el Monaguillo). También Ángel Gracia, Manuel Asín y todos aquellos que tenían exceso de palabras en sus bibliotecas o escasez de monedas en sus bolsillos, nos ilustraban en el rastro que un día a la semana se organizaba en el bar.

Con la llegada de Mariángeles Cuartero -con quien, junto a Mariana Ventura, abrí más tarde La caja de los hilos-, el Sopa de Letras se refrigeró, se llenó de magia y se convirtió en una indiscutible alternativa para los amantes de la psicodelia, de la música de los sesenta y de la buena música de cualquier época. El Sopa de Letras olía a libertad y a cannabis. Quizás eso fue lo que condujo hasta allí a Antonio Escohotado una noche de noviembre de 1996 para dejar a quienes en ese momento se encontraban fumando, doblemente flipados.

La caja de los hilos heredó el olor y el sabor del Sopa de letras, mejorado con ingredientes tan potentes como Pedro Bericat, que nos regaló muchas horas de música y pensamientos. Comenzó a hilvanarse en junio de 1998 con la aguja de Álex Carretero (más conocido como Plasticland entre los locos de la música) y fueron muchos hilos los que intervinieron en su confección. Nos movimos al compás que marcaron Más Madeira (grupo formado por Sergio Algora, Enrique Moreno, Manuel Recacha y Simonzico), Jesús Pastor, Luis Marco, Raphita, por supuesto Mariángeles… tantas costureras y sastres diseñando y cosiendo un traje a la medida de una caja de los hilos donde todo era posible, donde giraba una bola de espejos que iluminaba rostros de todos los colores.

Nuestra oferta gastronómica era limitada pero revolucionaria: sabrosos bocadillos a la plancha de la ropa, elaborados sobre la barra de un bar que, en muchas ocasiones, se convertía en escenario para la presentación de una película o de un libro, lo que nos permitió contar con camareros ocasionales tan variados y exóticos como Isidro Ferrer, José Antonio Labordeta, Miriam Reyes, Ismael Grasa, Túa Blesa, Vícky Calavia, Dionisio Sánchez, Alfredo Saldaña o Elena Pallarés, por recordar algunos.

El botón de lujo lo constituyó nuestro escaparate, la galería de arte Tutú, una ventana abierta a la ciudad por la que pasaron gran cantidad de artistas que no dejaron de sorprender a quienes por azar o por voluntad se aproximaban a ella. Nos gustaba entenderla como una galería permanente de bolsillo. Cada tres o cuatro semanas, coincidiendo con la inauguración correspondiente, la ventana se abría y quienes estábamos en el interior pasábamos a formar parte de la exposición durante unas horas. Del mismo modo, la calle y quienes la transitaban se convertían en efímeros objetos artísticos para quienes mirábamos desde dentro. En complicidad con el artista invitado, vestíamos el bar para cada ocasión y ofrecíamos comida y bebida acorde con la propuesta artística del escaparate. El éxito de las inauguraciones lo demostraba el hecho de que no había agente comercial o repartidor que no deseara dejarse caer por el bar el día que tocaba abrir la ventana.

Pero nos tropezamos de nuevo con el toque de queda y la orden de silencio que nos empujaron hacia la puerta trasera y el timbre clandestino. Una vez más nos convirtieron en delincuentes. Porque aunque la leyenda diga otra cosa, salir airoso en un bar abierto a golpe de préstamo bancario es complicado. Una orden temporal de clausura o una multa pueden significar el cierre definitivo si no tienes una economía fuerte que te permita hacerles frente. El único modo de sobrevivir es, a veces, escapar por la puerta de atrás. Y aunque era una bella imagen la de la convivencia de ciudadanos de todos los continentes jugando al parchís con Sergio Carabias, envueltos en humo de hachís, tomando un refresco o una copa -según las religiones- en la zona oscura y a la hora prohibida, no era nuestro deseo la clandestinidad.

Naturalmente que el ruido en las ciudades es un problema serio, pero no más que el del silencio a golpe de burocracia, cuando la falta de sentido común, las normas absurdas o la ausencia de normas te arrinconan contra la pared.

Tras cierres temporales del bar, precinto del equipo de música, denuncias policiales (la más disparatada por tener funcionando un pequeño transistor colocado a modo de escultura dentro de un zapatito de niño), agotadas las fórmulas poéticas de colocar sobre la barra conchas de mar o cajitas de música, en un último intento de ganar la batalla al silencio por orden municipal, solicitamos del Ayuntamiento de Zaragoza permiso para colocar auriculares inalámbricos y poder, de ese modo, escuchar música y bailar en un bar silencioso. Nos fue denegado por, según ellos, tratarse de «obras mayores», lo que exigía un camino burocrático distinto. Emprendimos ese nuevo camino y volvimos a encontrarnos con un muro, suma de falta de previsión, falta de agilidad y, sobre todo, de una escandalosa falta de valentía para asumir el riesgo de apoyar iniciativas que subviertan el soporífero orden municipal establecido, que, al menos hasta ahora, ningún color político ha sido capaz de cambiar.

Helena Santolaya

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DROGAS https://sindominio.net/zaragozarebeldedrogas https://sindominio.net/zaragozarebeldedrogas#respond Wed, 20 Apr 1983 11:35:33 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1656 Fuimos complacientes y estúpidos, pobres ignorantes a la búsqueda de no se sabe que paraísos que resultaron infiernos, tan tópico como cierto.  Murió Franco, agonizó el franquismo y todo nos llegó de repente, en un totum revolutum que mezclaba rock y canción protesta, melenas hippies, cazadoras negras y crestas punkis; pensamiento ácrata y centralismo democrático; Lenin, Bakunin, Toni Negri, Lou Reed y Janis Joplin; mayo del 68 y 77 italiano. En los quince años que transcurren entre 1976 y 1991 nos dio tiempo a soñar con la revolución y a reírnos de los revolucionarios. Y del zurracapote y los málaga de mala muerte con cacahuetes de La Cuadra de Félix pasamos sin transición al canuto, el caballo, a las pastillas y a la coca. El líder comunista o libertario de dieciséis años convertido a los dieciocho en yonqui y pequeño traficante; la joven y brillante recién licenciada en derecho que se acuesta con un hijo de puta que vende heroína a los progres en los garitos de moda.
Hablo con Chema y los dos reímos y lloramos contemplando fotos de amigos que ya nadie mira, que no tienen álbum que las guarde porque todos sus rostros hace tiempo que se pudrieron en los cementerios, víctimas de sobredosis o del SIDA. Los que tuvieron suerte: otros se perdieron para siempre en asépticos psiquiátricos o asquerosas cárceles.
Historias. El marido que abandona a su mujer harto ya de sufrir los continuos abusos de sus dos hijos drogotas. Venas cortadas en un brazo amoratado y podrido por los pinchazos. El gracioso de Juan, que se quedaba colgado mirando las ventanas que, gracias a los tripis, nunca cesaban de abrirse y cerrarse solas. El punki de quince años atiborrado de alcohol y pastillas que vomitaba el alma para llegar a su casa antes de las once de la noche. El colega que te mangaba libros, que vendía sus discos, que robaba a su madre, que mentía y mentía sin parar, que arruinó su vida y la de su familia.
¿Qué pasó, qué diablos pasó para que toda una generación desapareciera tragada por la niebla? Chavales y chavalas con rostro, con amigos, con familias, con vidas por vivir que acabaron en torturas infinitas y recuerdos que maldigo.
Enzarzados en bizantinas discusiones sobre las diferencias entre drogas blandas y duras, dejamos que la serpiente anidara en nuestros corazones. Mientras culpábamos al Estado de permitir que la heroína destrozara los movimientos sociales, reíamos las malditas bromas de nuestro amiguete siempre cocido, perdonábamos las “travesuras” de  nuestros hermanos pequeños haciéndoles vomitar y tomar café a patadas para que nuestros padres los vieran presentables. Y todos juntos engordábamos las cuentas corrientes de estados corruptos y organizaciones criminales. ¿A qué coño estábamos jugando?
Como aquél que mató a sangre fría por la revolución o la patria y luego descubrió su tremenda impostura, como aquél que salió vivo de los campos de la muerte, los que sobrevivimos, los que no caímos fulminados por el polvo blanco o agonizamos lentamente por la cirrosis o el SIDA,  jamás nos lo podremos perdonar: los mejores hace tiempo que ya no están con nosotros.

Miguel nació en 1961. Era pequeño y guapetón. Gran lector y extraordinario dibujante, poseía una inteligencia fina y poderosa. A los dieciséis años fue expulsado del Colegio La Salle por vestir contra la norma y por sus ideas ácratas. Muy jovencito se enamoró de Inma y vivió siempre con ella. Fundó el bar Interferencias, un centro de la movida zaragozana, y, años más tarde, el sello discográfico Grabaciones Interferencias, en el que se publicaron los primeros discos de bandas míticas como Más Birras, Ferrobós, Tako, John Landis Fans o Proscritos. Inma y Miguel jugaron con las drogas y acabaron enganchados a la heroína. Vendieron su casa, su bar y perdieron su negocio discográfico, dejando una fuerte deuda económica que tuvo que afrontar su familia. Después de varios años de calvario emigraron a la República Dominicana, libres ya de su adicción. Allí fundaron la ONG (Organización No Gubernamental) Clara y realizaron una tenaz e innovadora labor de lucha contra el SIDA en el área del Caribe.  Miguel trabajó también como consultor para ONUSIDA, Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA.
En 2003, enfermo de SIDA,  vuelve a España para morir acompañado por su familia. Su entereza, valor y ánimo combatieron la angustia de mi familia y nos llenaron de orgullo y coraje. Entre mis libros un marco de cuero encuadra una foto en la que, sonriente, sostiene entre sus brazos a mi hija Lola. Siempre está.

Paco Goyanes

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LA REBELDÍA VIVIDA https://sindominio.net/zaragozarebeldela-rebeldia-vivida https://sindominio.net/zaragozarebeldela-rebeldia-vivida#respond Fri, 24 Apr 1981 11:12:17 +0000 https://sindominio.net/zaragozarebelde?p=1730 Yo no fui rebelde por el hecho de montar el BV-80 (abrir un garito de semilujo en 1981 en la calle Doctor Palomar no se puede declarar precisamente como un acto de rebeldía). Lo era ya de antes y lo retomé al darme cuenta de que mi conveniencia andaba reñida con lo que estaba por llegar: la imprescindible ruptura con el sometimiento a la dictadura del progre, de los que habían luchado contra el franquismo, que parecíamos ser todos y en escasos años ya desprendía un espeso hedor a rancio. Sublevación a la cual me apunté y promoví desde un BV-80 en el que a principios del 81 se escuchó la primera explosión punk de la ciudad en una fiesta de cuatro días con diferentes alienígenas y algunos de aquí, recitaron poetas locos, comenzaron a formarse, a ensayar y a tocar los primeros grupos de pop-rock de los 80 y a desarrollarse las compañías de teatro que después han sido y son la vanguardia de esta ciudad.Y es que todavía soy un rebelde, aunque quizá debiera ya dejarme dirigir por el bolsillo.
La rebeldía multiplicada anidó en el BV-80. Pajita a pajita la construyeron los picos de La Rocky: primer ser con espíritu y ánimos punkarras de Zaragoza. Llegó de Madrid a finales de 1980, donde se relacionaba con Alaska, Ramoncín y compañía, y al poco de comenzar el 81 formó el segundo grupo con pretensiones punkies de estos lares (el primero lo hizo varios años antes su cuñado Dionisio Sánchez): Ratas de Cloaca, que enseguida lo serían “del Huerva”, aunque de punk sólo tuvieran las ganas y la imagen de ella.
Jamás la escuché querer grabar un disco, pero sí llamar a Ramoncín “tarta de mantequilla” por prostituirse con las discográficas, o despotricar contra Alaska porque, aún siendo amigas, con tierna edad necesitaba ir todos los días a las mejores peluquerías para que la atusaran e hicieran la manicura.
Zaragoza comenzaba a ser una ciudad imberbe (nunca mejor dicho), mucho niño moderno de los que después llamarían posmodernos, pero ninguno tenía el desprendimiento social necesario para pertenecer a la movida que La Rocky soñaba (si Alma hubiese cumplido dos o tres años más…) y se nos fugó a Barcelona antes del Primer Concurso de Rock en el 82, quizá siguiendo a la cantante de mismo espíritu de uno de los grupos que nos visitó. Allí consiguió formar los que deseaba (entre ellos, Las Gambas) y alrededor de los treinta murió, seguro que con pena de no poder ir más allá sin necesidad de alcanzar la gloria.
Alma, más tarde La Coca, portaba alma rebelde antes de descubrir el punk. Eso fue en el BV-80 con trece o catorce años, de la mano de La Rocky y esa primera concentración punk ya mentada. Con Alma hablé a menudo en mi bar y en la casa donde vivíamos (fuimos vecinos). Se reía de los que hacían música por triunfar o ser famosos; sólo pretendía protestar por todo y ¿por qué no cantando?
Persiguió a los primeros “durillos” de la ciudad que se decían punkarras (aunque en la época los tachaban de heavies) a raíz de escuchar sus primeros conciertos en el BV: Cadáveres Aterciopelados, hasta conseguir “encontrarse”. Se apuntó a ellos, llamándose durante días Alma y los Cadáveres. Ya autoapodándose La Coca, su rasmia los desenarboló de tal manera que pasaron a ser Cocadictos (adictos a Alma), pues lo que es la farlopa, en aquellos inicios la cataban sólo los ricos, las putas caras desquiciadas de lujo o los caprichitos de los grandes camellos de giba y media.
Su descarado desprecio de lo establecido no quitaba para que fuese un primor, un dechado de amor. Su candor, su limpieza de espíritu, dejó que la sobrepasara ese otro ánimo falso de los que se aprovechaban de tal inercia para sobresalir, aunque sólo fuera de debajo de las alcantarillas, y murió por las mismas fechas y de igual manera que su maestra, La Rocky.
Mauricio Aznar. No comenzó en la calle como muchos cantantes de metro, a ver si pegan el pelotazo y alguien los ficha; así le ocurrió a Pulgarcito o Mercedes Ferrer. Empezó de gallito, peleándose, queriendo destacar por esos “clubes” (como dice el Bunbury, como él), en el BV-80, en Santa Isabel y el Rincón de Goya durante el Primer Concurso de Rock. Se convirtió en rebelde después, tras conseguir el sueño (grabar) y percatarse de en qué mierda se había sumergido (las discográficas). ¿Para qué intentarlo de nuevo? Coreando el personal sus canciones e incluso interpretándolas los dioses “Héroes del Silencio”, se tiró a la calle a pasar la gorra después de cantar acompañado de su guitarra.
Cierto día, en pleno paseo Independencia, un amigo de mi amigo, tras escucharlo, le dijo: “Con lo conocido que eres ¿por qué no te buscas un trabajo decente en vez de pedir limosna? Cualquiera te lo dará”. A lo que contestó: “Yo ya tengo un trabajo, soy músico”.
[La fama emborracha]. Paco Cester, el cantante que hipnotizó a Bunbury y a los Valdivia en el BV-80 por medio de los Aborígenes del Cemento (gracias a lo cual existen hoy Héroes del Silencio), comenzó cantando canción protesta. No sé si por estar demodé y venirnos rebelde o por ganarse unos duros (¿por qué no las dos cosas?). Y continuó siendo rebelde al incluirse en el grupo cosobajero que yo había creado. Sólo pretendían hacer lo que les gustaba: alborotar a la peña con su música de llanos chicos de barrio, y lo consiguieron, viéndose rodeados de un sinfín de adoradores de su rienda suelta. Por aquel entonces sólo uno de ellos aspiraba a ganar dinero con tal cosa y los dejó, eso resultaba imposible. Lo sustituyeron por otro que no era de su cuerda (les advertí), venía del Aula de Barcelona con ganas de medrar y les vio posibles si daba calidad a su rebeldía (¿se puede dar calidad a la rebeldía? ¿eso no sale de las entrañas?) y se desmandó a libre albedrío.
En cuanto comenzaron a llamarlos a sus casas para entrevistarlos con diecisiete años y, tras llenar el Rincón de Goya con dos mil seguidores de su primigenio “rock cosobajero”, se les fue la pelota al tejado del nuevo. Fue el primer grupo de rock al que quiso grabar la EMI y la rechazaron. Ya no por rebeldía, sino porque intelectualizados (más su música y pretensiones que ellos) por el nuevo componente en jefe, perdida la inocencia y ya en una nube enturbiada de éxito, se presupusieron quizá dispuestos a más altas cotas celestiales (¿por qué no al Olimpo?) como para morir en una casa de folclóricas. Habían perdido el norte.
Mirándolo bien, el no querer vivir junto a Lola Flores o Sabina igual fue el último coletazo de esa rebeldía ya soterrada. Como les vaticiné, Aborígenes y su furia desaparecieron en seis meses.
Rebeldes fueron: Carlos Martín, Gaby Moreno, Balbino Lacosta, Pedro Rebollo, Lola Pina, Miguel Galbe…, y ahora viven del teatro, de la rebeldía primera a la que dieron escape libre en el BV-80 y a raíz de él. Salieron de la Escuela de Teatro. Supongo que fueron allí en busca de un camino por el que poder expresar algo. Ninguno tenía pinta de representar para alcanzar la divinidad que ahora, después de muchas hostias, seguramente pretenderán.
Se estrenaron en el BV-80 “destrozando” una obra clásica y les quedó cojonuda. Su ilusión máxima era divertirse satirizándola. Como primerizos, agradecían la anuencia de a quienes estaba dirigida. Tanto fervor vieron, que se preguntaron dónde había estado el fallo. Y se dieron cuenta de que lo que querían era provocar, remover las conciencias y las tripas, pero ya había un grupo en Zaragoza que lo llevaba a cabo disfrazados de clásicos. Era El Grifo (éstos llegaron a pensar de los susodichos que serían sus sucesores).
En los sótanos del BV comenzaron a experimentar. Un día encontré a los componentes de Yo Bufón medio desnudos, danzando en círculo sobre un gran charco de leche que Lola Pina les capuzaba por encima de sus cabezas, resbalando blanquecina por los torsos y harapos desgarrados anudados a las caderas.
Cuando dejé el BV se convirtieron en Acratea Anemosa y rompieron los cánones teatrales de esta ciudad y, por qué no, indirectamente  de España. Empezaron a usar materiales industriales, gorros de goma antiguos, gafas de soldador, cadenas, botas de caucho, y se pintaron los cuerpos al óleo de color naranja (iban por la vida con los poros anaranjados) o con betún o grasa de mecánico, pelos incluidos. Pero tuvieron que enfrentarse a nuestros políticos, y ahí se cagaron en su rebeldía. La Fura dels Baus (que se formaron a raíz de flipar con los Grifos en la rambla de Barcelona) los siguieron hasta la fuente, hasta Zaragoza, donde seguro vieron las performances que realizó Roberto Barra (nuestro “Boby” de El Grifo) en la Galería Caligrama, pues actuaron allí siendo Error Genético, o las que realizó por iguales fechas Acratea Anemosa en los bajos del Mercado Central.
Por supuesto, nuestros hombres o mujeres que eligen como profesión la política, que siempre piensan en lo de fuera como algo mejor, contrataban a La Fura, ya financiada, protegida y encumbrada por la pasta de la Generalidad y las televisiones fácticas. Los políticos, por medio de la desilusión, acabaron con esa rebeldía bruta y nuestros chicos se sobreintelectualizaron. Que no tiene por qué ser malo, sólo que aquí hablamos de lo que hablamos.
De los Grifos, coetáneos del grupo Forma, aunque nos sobrevivieron y compraron los derechos para publicar la revista de El Pollo Urbano, que permanece en su formato para la red, hablaré más tarde.
Los Forma rompi-mos-eron (está por estudiar, pues todavía no se ha aclarado si pertenecí o no -depende de quién lo cuente-, por supuesto en alma sí. Léase: Manifiesto del Pollo Urbano, procesos investigatorios hombre-arte-naturaleza, exposiciones fantasmas, arte-provocación en la calle, elucubraciones impertinentes en el estudio (lugar donde nacían y morían la mayor parte de nuestras astracanadas premeditadamente desintelectualizadas) y exposiciones oficiales documentadas)  con todos los parámetros de la ciudad establecidos para arte de vanguardia, e incluso se pudieron descuadricular los de España y los del mundo entero si los sanos celos inherentes a toda actividad compartida no hubieran encapullado, metamorfoseándose en protagonismo individualista. Ahí llegó la destrucción de la rebeldía y, por lo tanto, del grupo.
Fuimos los raros, las fuerzas preponderantes nos hacían vivir en una contradicción. No éramos antifranquistas oficiales, pero tampoco como encontrados a las izquierdas nos podían reconocer. Escapábamos a las entendederas de todos simplemente por joder mentes obtusas. La izquierda se arrimaba a nosotros para encaminarnos hacia su provecho, mientras el franquismo buscaba lo mismo permitiéndonos exposiciones y actos en galerías de arte, que ahora en tiempos socialistas se le censuraron en plena universidad a Manuel Marteles (miembro del grupo) y al Vaso Solanas. O nos patrocinaban exposiciones oficiales en fundaciones de rancio abolengo madrileño y otras ciudades. Querían encauzar lo que no entendían y les preocupaba. Y nos reíamos, nos reíamos mucho, aunque de nadie en particular. Era nuestra rebeldía troncada en la provocación por la provocación, que transmutaba en arte cuya esencia (nunca por esencia ha de ser lo mejor) colgaba ya en los museos. Teníamos de dieciséis a veinte años y aun así la historieta sería larga de contar, merece libro aparte, lo que traería el coñazo de extensos y sesudos estudios de análisis.
Los Grifos… Bueno, ¡qué voy a contar de los Grifos que no se sepa! Sólo (por si esto lo lee algún crío) que incluso a mí, ya en el BV-80, intentaron abducirme para el Imperio. Porque el Grifo llegó a formar una corona imperial con emperador y todo (Eusebio I, primer vagabundo oficial de la ciudad), por supuesto, un títere; manejando los hilos de la gobernabilidad, y sigue al mando, Dionisio Sánchez, “Gran Visir de todos los morubes zaralonianos”, que continúan siendo muchos y poderosos. Léase historia del Grifo y, en cuanto se publique, “Las noches del BV-80”, para saber lo que vale un peine, el de la rebeldía descarnada por antonomasia.
Santiago Meléndez, quizá otro rebelde. Yo ya lo conocí triunfante. Conquistó el BV con la obra de cabaret más histriónica y disparatada (cojonuda) que se ha creado nunca: “Boulevard Magenta”. Fue director y actor con el grupo La Mosca, trabajando en un café teatro sólo por realizar a lo grande, sin pasar por el subvencionismo que encumbraba provincianamente, a base de millones de la época, a grupos caducos e inefectivos que jamás salieron de Aragón si no era con el teatro comprado. Dinero que podía haber ayudado a pasear triunfal por méritos propios a Teatro del Alba con su “Cantar de Bestias”, grupo y espectáculo que montó Santiago con María José Pardo con el dinero ganado a pulso, día tras día, en el BV-80, para acceder libre a los grandes escenarios. Como también a los Grifos, que no recibían un duro ni para maquillaje (no sé si por ello despotricaban contra los políticos, o no se lo daban por despotricar; yo creo más bien que su política fue no hacerse merecer y así poder seguir llevando a los políticos en candelero para su propio uso en el espectáculo). O a la propia Acratea Anemosa y otros con dignidad sobrada para mostrarse mostrándonos. Pero ¡qué joder!, a los pintores (por lo menos entonces) no nos daban ni para pinceles (¿acaso se podían pedir a alguien?). Debíamos robar todos los carteles de los circos encadenados a las farolas, para pintar sobre ellos.
Jaime Ocaña, que empezó en el BV-80 como músico absolutamente vocacional, tenía como única pretensión poder tocar y cantar con su grupo Stradivarius. Siempre estaba dispuesto, aun sin haber un duro de por medio. Aguantó años como músico formando diferentes grupos, creo que teniendo claro que jamás iba a comer bien de ello. Pero a Ocaña, ya en el BV le noté que la sangre que corría por su cabeza fluía rebosante de un humor emplaquetado, que tanto podía irse a lo trágico como a lo cómico. Y se demostró más tarde. Tiene don para la escena y nos regocijamos disfrutándolo en ella.
De esto se percató no hace más de pocos años Pedro Rebollo (que ya triunfaba como actor), invitándolo a realizar una obra juntos. Ahí se desvirgó y convenció de que lo suyo era el teatro, pero aunque todos lo reclamemos, los escenarios o los amigos, para lucimientos personales en actos semiprivados, él sigue haciendo exclusivamente lo que le gusta; incluso ha rechazado liderar programas televisivos de audiencia porque no le obliguen los guiones sin su aprobación. Todavía en el 2008 no se ha convencido de que para convivir en esta sociedad acelerada por la comunicación inmediata es necesario disponer de teléfono móvil.
Alfredo Sáez y Belén Pérez, personajes singulares donde los haya, empezaron en el BV-80. Él de profesor y ella de alumna, desarrollando teatro. He trabajado con ellos en obras de creación artística contemporáneas y no los conozco. Él dice que me admira y aprecia, sólo que estamos en dimensiones diferentes. Yo también los admiro y los aprecio, no sé si de igual manera, pues tampoco sé qué dimensión me asigna, pero respeto su comportamiento con respecto a mí, aunque me joda (esto se dilucida en “Las noches del BV-80).
Alfredo consiguió crear un taller de expresión ultrarrevolucionaria en el año 81 en uno de los centros más clasistas de la ciudad: el Colegio Alemán, y sacar de sus entrealgodones a cuarenta y cinco críos y crías de ocho a dieciocho años, todos revueltos, a actuar a un garito de noche como el BV-80. Rompiendo todas las constantes, tanto escenográficas como “éticas”, fue el espectáculo que más ha impresionado mi vida. Del BV pasaron a realizar teatro de calle, alucinando al personal. Esta fase, de escaso año y poco de duración, tuvo merecido broche con una filmación llevada a cabo por el programa de tv sobre teatro de vanguardia “El Carro de la Farsa”, emitida por la 2 de TVE. Y ahí es donde vino la rebelión. Alfredo quemó los barcos, o sea, todo lo que tuviera que ver con el inicial taller. Con los alumnos que le echaron cojones u ovarios fundó la Compañía de Danza Dies Irae, siempre rompedora y espectacular.  Belén fue su estrella y comantenedora.
La audacia de Dies Irae ha ido casi siempre acompañada de la negra. Lo cual llevó a esa personalidad tan “en otra dimensión” a ir dejando detrás una auténtica rastra de enemigos o, cuando menos, de insatisfechos, con tal de seguir existiendo. Y existen a pesar de todo, y sobre todo, por encima de todo y del hambre. Dies Irae continúa por rebeldía. Contracorriente.
Javier Krahe y Joaquín Sabina presentaron sus primeros discos a nivel nacional en el BV-80. Actuaban en un garito llamado La Mandrágora de Madrid. De allí, la primera vez que salían a cantar fuera como es debido, con prensa especializada, en el momento influyente en las ondas nacionales, fue al BV-80, y la engancharon. Tola los había llevado a su famoso programa televisivo “Si yo fuera presidente” y armaron la de dios por la rebeldía que denotaban sus canciones, pero nadie apostaba por ellos. La CBS contrató a Sabina con idea de que escribiera letras destinadas a abastecer a su cuadra, visto el éxito obtenido por Pulgarcito con “Pongamos que hablo de Madrid” (el primer sitio donde se escuchó fuera de La Mandrágora de la voz de Sabina fue en el BV-80). Y a Krahe lo mismo.
Pero he aquí que el empeño de un vecino de la Magdalena, José Antonio Checa, en que se les escuchara en directo fuera de la Corte (junto a Kike Gallego, los trajo a mi garito) dio frutos. Igual que lo hacían en La Mandrágora, encandilaron a todos los presentes con sus canciones, y desde Zaragoza se les promocionó a nivel nacional, triunfando al poco en todas las Españas con su nuevo disco “La Mandrágora”. Tanto las letras como su manera de vivir rezumaban rebeldía, pero ya en el BV-80 se vio quién era el auténtico rebelde: Javier Krahe.
Aun con natural sonrisa y actitud permanentemente angelical, venía guerrillero, dispuesto a enfrentarse al principal crítico de la ciudad que días antes lo había puesto a parir por no sabe tocar la guitarra ni cantar (el resultado de esto más sus letras da poesía pura, ¿por qué, pues, ha de romper la fórmula?). Y lo hizo, saliendo al quite Sabina, por amistad o por si acaso de rebote le alcanzaba algún perjuicio. La crítica hecha por Matías Uribe de su actuación en el BV-80 fue favorable, tanto que, veinte años después, dicho crítico publico en Heraldo que el mejor directo que había visto en su vida fue en un garito “progre y cultureta de la Magdalena”. “Primer local alternativo de la ciudad” lo llama en su libro Polvo, viento, niebla y rock.
La postura de estos dos personajes cara a la vida quedó clara pocos años más tarde, ya gobernando Felipe González, con Sabina arrimando el hombro al ascua que más calentaba. Sucedió, ya deshecho el trío Krahe – Sabina – Alberto Pérez, en un concierto electoralista multitudinario del PSOE dado en un estadio, retransmitido en directo por TVE y con Sabina de protagonista, al cual se le ocurrió invitar a cantar a su amigo Krahe.
Lo vi hace escasos tres años, porque el directo retransmitido se censuró cortándolo en seco en cuanto Javier comenzó a cantar “Manitu” para que lo siguiera Sabina, al que no quedó más remedio (aunque sólo hay que ver su cara de circunstancias en el vídeo que él mismo rescató de las fauces de la televisión pública, conservándolo en secreto durante muchos años, y se creía perdido).
Ahí comenzó el declive de Krahe y lo hizo a sabiendas. La canción se metía descaradamente, ante miles de miembros del partido y simpatizantes, con el que “pagó la fiesta”, con el que (como la mayoría de los políticos) piensa que el dinero público sale de sus bolsillos: Felipe González. Gracias que mentes lúcidas lo rescataron del ostracismo y Javier Krahe ya lleva años embelesando a intelectuales, universitarios y gentes de frente despejada.
Vicente Sáez y Cristina, de igual apellido y cuna, fueron tanto monta, monta tanto, pero me voy a centrar en el que ya murió hace dos años de una enfermedad degenerativa, la misma que la mantiene a ella condenada a una silla con ruedas, auque su mente siga volando. Continúa, ahora dirigiendo cortos e incluso actuando en ellos.
Vicente, ya escribiendo guiones con tierna edad, fue más genial interpretándolos en el BV-80. Un genio de la improvisación y el absurdo. Con lo único conocido que lo podría comparar es con Dionisio Sánchez, pero él nos hipnotizaba a pelo, sin gasolina. Llevaba el teatro en las venas y lo desarrollaba por pura necesidad vital, por sobrevivirse, aunque nunca a sí mismo (como los que soñamos la divinidad).
Les perdí la pista durante años y me sobrecogí cuando, al regreso de mi huida hacia la costa, reencontré tanta energía postrada en sendas sillas de ruedas. Pero me alegré viendo que su rebeldía no había sido vencida. Seguían creando con ilusión desde ésa, para mí, nueva posición.
Santi Ric. ¡Coño con el muchachito! Dice que en tiempos del BV, e incluso después de la Muestra de Pop-Rock, no sabía qué era. Ahora sí: punky.
Nació a la vida musical en el BV-80. Sus primeros conciertos los escuchó en él. Creyó haber encontrado su camino punkarra a raíz de ver allí a los Cadáveres Aterciopelados. Seguidor de Aborígenes del Cemento, al igual que los Valdivia, Enrique Bunbury y tantos, se hizo gran amigo de los que tenían su misma edad, alrededor de los quince. Eran los Rebel Waltz, nombre del grupo con el que Sanjo Pérez, Rafael Ortiz de Landázuri, Ángel Bailo y el propio Enrique, realizaron en el BV-80 su iniciación musical bajo la tutela de otro chaval de igual edad que, como amigo, sin tocar ni cantar en ese momento, no les podía hacer más que de representante: Alfonso Macarro (al poco entró como cantante Daniel Sanz).
Santi, por amor a la música (aunque yo diría más bien: a la movida del BV-80), se nos convirtió en el periodista musical más joven de la historia conocida. Con catorce años ya preparaba su fanzine The Cachirulo Sound, siendo el informador mejor informado de la ciudad, sólo que hasta meses más tarde no pudo sacarlo por no tener el dinero para las fotocopias con las que se realizaban. También, por amor a la movida ya zaragozana o quizá por rebeldía, fue miembro muy activo (como el setenta por ciento de los hijos del BV-80 que lo compusieron) del GOM (Grupo Organizador de la “Muestra de Pop, Rock y otros rollos”, la revolución alternativa del año 1984 más gorda que se ha hecho en esta ciudad y posiblemente en España: cincuenta y siete grupos de música y multitud de actividades culturales y artísticas desfilaron por la antigua Feria de Muestras en tres días).
Pero el acto más puro y bello de rebeldía jamás llevado a cabo fue que, chicos como Macarro, Santi y otros, educados y fustigados mentalmente en colegios de curas, resultaran capaces de ir en busca de una segura excomunión sólo por poder ver a sus amigos, a Enrique Bunbury, tocar en el BV-80.
Santi continúa loco por el mundo acompañando al cantautor más loco de España: Manolo Cabezabolo.
Y yo, aquí se ve, sigo con mi comportamiento de siempre. Así que… ¡Vamos! ¡Censuradme, cabrones!

Valtueña

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