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EL SUEÑO DE ÍCARO

La AFAPE (Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Expresos) fue una organización creada en 1983, por la inquietud de denuncia de la situación carcelaria aberrante de ese tiempo, que continuaba con los parámetros de la dictadura. El fin de esta asociación, según palabras del primer presidente de la AFAPE, Chema Ordovás, “era poner en evidencia, denunciándolas, las irregularidades que se cometen en las prisiones españolas y lograr que haya una comunicación entre el preso y la calle”. Dos de las campañas más importantes de la AFAPE fueron: una, a raíz de la apertura de la cárcel de Daroca, y otra, la publicación de un informe sobre denuncias de malos tratos en la cárcel de Huesca. La AFAPE respondía a un modelo más propio de la transición y saltó por los aires por su propia dinámica interna (personas que habían salido de prisión en lamentables condiciones, vuelta a prisión de muchos de ellos, desaparición de partidos de la izquierda radical que daban cobertura, etc.).

Hay que apuntar que a pesar del vacío organizativo que se sufrió tras el agotamiento de la AFAPE y hasta la creación de la ASAPA (Asociación de Seguimiento y Apoyo a Presos y Presas en Aragón) en el año 1993, fundada por un núcleo de personas que había estado en AFAPE, la denuncia contra las prisiones en Aragón continuó.

Ejemplos de ello fueron las denuncias sobre la situación de la Cárcel de Mujeres de Torrero, en las que un grupo de presas se puso en huelga de hambre y motivó la formación de una Comisión Ciudadana, que tras una visita a la prisión puso de relieve las infrahumanas condiciones de vida (marginación y hacinamiento) en las que se encontraban. También se participó en una denuncia sobre la situación de las celdas de aislamiento en Huesca, en las que aparte de un banco de hormigón que hacía de cama, seguían existiendo argollas en la pared para esposar a los presos. En torno a la gente que venía de AFAPE también se organizaron en Aragón las Jornadas “Cárceles ¿para qué?” que congregaron a más de doscientas personas, con la presencia de las figuras más relevantes del movimiento abolicionista.

El núcleo originario de la ASAPA fue testigo, a finales de los ochenta, del genocidio del SIDA en las prisiones, que llevó a la muerte a unos diez mil jóvenes (cuatro mil reconocidos por la por la Dirección general de Instituciones Peninteciarias -II.PP.-), así como de la terrible represión del motín de la cárcel de Daroca (presos tiroteados y apaleados, simulacros de ahorcamiento en los días siguientes en las celdas de aislamiento). Todo esto, unido a la experiencia de otros grupos, como la Coordinadora de Barrios de Madrid (barrio de Entrevías y otros), puso de relieve la necesidad de volver a organizarse.

ASAPA lo forman desde un principio gentes que vienen de diferentes ámbitos: presos, ex-presos, familiares, estudiantes y profesionales. En su fundación incide un debate en los grupos anti-prisiones del Estado: entre aquellos en los que primaba la denuncia, y en los que primaba la asistencia. Falso debate, motivado por el mayor control interno que la socialdemocracia efectuó de los disidentes dentro de las prisiones, y sus apoyos fuera de ellas. De triste recuerdo es, en este sentido, la actuación del entonces Director de II.PP. y luego ministro del PSOE, Antonio Asunción. Se crean circulares que impiden entrar a nuestros grupos, se dificulta nuestro contacto con los presos, y esto lleva a la separación entre los que no se atrevían a denunciar por miedo a que no los dejaran entrar (o en ocasiones a perder las subvenciones), y nuestros grupos afines.

En cualquier caso en la ASAPA siempre se ha tenido en cuenta el contacto con las personas presas y sus familias, así como con personas que ya han salido de prisión, pero que siguen necesitando apoyo debido a su estancia en la cárcel. Un grupo de familiares se empieza a reunir, buscando apoyarse entre ellos, compartir experiencias y ayudar a los de dentro, sean o no sus familiares. Se crean vínculos personales que potencian las ganas de luchar y modificar la situación de injusticia que, día a día, se vivía dentro de los muros y que difícilmente ven la luz de otro modo.

En el ámbito reivindicativo, se intenta hacer llegar a toda la sociedad la realidad de las prisiones desde una crítica abolicionista; acerca de las nefastas consecuencias que genera el sistema penal sobre los excluidos, en el que el reiterado lema “Abajo los muros de las prisiones” es clara expresión de este ideario; todo ello a partir de los testimonios de los presos y presas, aportando alternativas al sistema penal y penitenciario del estado español.

En 1993, coincidiendo con la creación de la asociación, tuvieron lugar en nuestra ciudad unos encuentros o jornadas anti-prisiones, que bajo su impulso y el de asociación Salhaketa, fueron el germen de lo que, con los años, sería la Coordinadora de Solidaridad con las Personas Presas.

Es la época del “pelotazo” socialista (Mario Conde, Expo-Sevilla, Filesa, etc.) y, con el mentado Asunción, se potencia (obviamente como oportunidad de negocio) el Plan de Construcción de Macrocárceles, entre ellas, la macrocárcel en Zuera (Zaragoza). La inicial oposición de los vecinos de Zuera debe destacarse por su carácter inédito, en esos años, de un movimiento asambleario y autogestionado por los propios vecinos, fuertemente estructurado, que supo trabajarse apoyos y alianzas, así como importante presencia en los medios de comunicación. Ciertamente había una pluralidad de intereses. Miedo por la sensación de inseguridad que conllevaría, en un entorno rural, la creación de una cárcel de semejantes dimensiones, y lo que podría esto afectar al municipio; además de una crítica de izquierdas al papel de las macrocárceles, por la ocultación extramuros de las ciudades de lo que pudiera ocurrir en su interior; el alejamiento del movimiento ciudadano crítico con las prisiones, de una visión del “delincuente” como ser asocial, como no-persona; de negocio concentrado desde Madrid, de primar en el gobierno de la prisión la seguridad, abandonando los postulados legales del llamado “tratamiento penitenciario” con la consiguiente burocratización de dichos profesionales…etc. La ASAPA contribuyó a dar soporte a esa crítica de la función de tales centros (resumida en cómo encarcelar a más gente con el menor costo). La presión vecinal, en íntima relación con la ASAPA, consiguió paralizar durante años la inauguración de la prisión; un solo voto en el Congreso de Diputados (entre ellos, tal vez, el de Convergencia y Unió) posibilitó su construcción.

Los principios de la ASAPA también estuvieron muy relacionados con la lucha llevada a cabo contra la prestación del servicio militar obligatorio; y ello, no sólo porque se daban muchos casos de doble militancia en ambos colectivos, sino porque el movimiento antimilitarista acudió a la ASAPA para poder enfrentar el paso de sus integrantes por la cárcel. Esto también ayudó a la ASAPA, puesto que la proveyó no sólo de numerosos y organizados simpatizantes, permitiendo la difusión de sus ideas, sino que también se consiguieron valiosas informaciones sobre el funcionamiento de los centros penitenciarios (especialmente el de Torrero); junto con activistas que, protegidos por una gran masa social, pasaron por la prisión con una actitud políticamente activa. En el año 1995, más del diez por ciento de los presos de la prisión zaragozana lo eran por este delito. La estancia en prisión de los insumisos no estuvo exenta de desgracias, como la muerte en el centro penitenciario del antimilitarista Kike Mur, en 1.996.

También este colectivo estuvo muy presente en las consecuencias del juicio seguido contra integrantes de la ASAPA por supuestas calumnias vertidas contra la Dirección y Personal de la cárcel de Daroca. Este juicio vino motivado por el informe crítico que se realiza de la situación en dicha cárcel, en el que, entre otras situaciones, se denuncian malos tratos a presos.

El Informe sobre la situación de la cárcel de Daroca elaborado por la ASAPA en 1994, tras más de año y medio de investigaciones, cartas y entrevistas mantenidas con los presos y sus familiares (más de trescientos cincuenta), fue sin duda uno de los hechos más vívidos y significativos en la trayectoria de la asociación, y de mayor repercusión social y política. A ello contribuyó, no sólo el contenido de un informe que evidenciaba la situación carcelaria y las condiciones inhumanas que, en tantas ocasiones y al margen de la legislación penitenciaria, se venían produciendo en el interior de la prisión, sino también, y de una manera muy especial, a causa del proceso penal que se derivó de ello, y al que se vio sometida la asociación bajo la acusación pública y falaz de un delito de calumnias.

La presentación del informe de ASAPA en rueda de prensa supuso la interposición de una denuncia por calumnias contra los compañeros de la asociación que presentaron dicho informe (nuestros queridos Belén e Iñaki). Como consecuencia de ella, fueron acusados en un juicio celebrado en el año 1996 en el Juzgado de lo Penal nº Uno de Zaragoza, en el que se absolvió a la ASAPA del delito de calumnias, entre otros fundamentos por no haber existido ánimo de difamar, sino de informar a la opinión pública. Si bien, después de formular recurso el Fiscal, la Audiencia Provincial de Zaragoza (Sección Primera) revocó la sentencia al año siguiente y condenó a los integrantes de ASAPA que habían sido acusados, al pago de una multa (sesenta mil pesetas) por delito de calumnias. Afortunadamente, dicha sentencia fue definitivamente anulada en el año 2002 por el Tribunal Constitucional que, al tiempo que confirmaba la sentencia absolutoria inicial, sentaba una muy interesante jurisprudencia acerca del derecho de las asociaciones a criticar a instituciones y cargos públicos.

En el juicio ante el Penal nº Uno, comparecieron como testigos algunos presos que habían sido objeto de malos tratos en la prisión de Daroca, y de cuyos testimonios se había servido la ASAPA para redactar el informe. Uno de ellos, Miguel Ángel, que todavía estaba preso, tuvo la valentía de afrontar las presiones y represalias del sistema penitenciario tras su declaración en el juicio. Lamentablemente, esta situación le llevó al suicidio en la cárcel de Torrero, donde había sido trasladado.

Tras el juicio de Daroca, el colectivo quedo muy tocado. La criminalización sufrida por todo el colectivo se dejó sentir; la gente había vivido situaciones muy duras y de tremendo desgaste personal. Dentro de la cárcel, la dureza de la represión, de las sanciones y de la dispersión: casi todos los presos que denunciaron fueron llevados a otras prisiones. Y fuera, en la calle, el dolor por la muerte de Miguel Ángel, la rabia, la impotencia, la fatiga tras asambleas interminables…

Hubo gente que había vivido en primera persona este trago y decidió tomar distancia, pero también personas simpatizantes a las que les llego esta lucha y que decidieron sumarse a ella.

Se retomó en el año 1997 la publicación de El Sueño de Icaro, del que solo había salido un número en el año 1994, en conmemoración de la muerte de Ricardo Moreno Roch, primer Presidente de la Asociación y luchador que vivió sus mejores años de vida en prisión, testigo con dieciocho años de las luchas de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) en el motín de Ocaña, y también testigo de cómo fueron desapareciendo los líderes de esas luchas que no salieron en la transición, en concreto de uno de sus amigos asesinado en la prisión de Burgos.

Gracias al empeño de Eduardo Langarita, se publicaron hasta el año 2001, seis números más de El Sueño de Icaro. Esta publicación era una forma más de expresión, contacto e intercambio, entre la asociación y todo lo que se movía alrededor del sistema carcelario y judicial, y el resto de la sociedad que pretendía vivir de espaldas a sus cárceles.

Seguíamos manteniendo el programa en Radio Topo, El Butrón del Mako, desde el que cada jueves se buscaba ocupar un espacio donde la voz de las personas presas se hiciera oír, junto con las denuncias y reivindicaciones de la propia asociación.

Seguimos haciendo charlas en la Universidad, Jornadas por “Una vida sin cárceles ni represión”, con participación de colectivos del resto del Estado. También recordamos con cariño los conciertos que se hicieron durante esos años. Agradecemos la colaboración y el apoyo de los grupos que participaron en ellos.

En el año 2000, se presenta ante la Comisión de Derechos Humanos de las Cortes de Aragón, un informe sobre la situación que existe en las cárceles de Aragón pidiendo que se dignifique la vida de las personas presas. A juicio de la ASAPA, las condiciones de vida en las cárceles de Aragón conducen a situaciones insostenibles, autolesiones y suicidios. Las quejas recogidas en el informe, no solo hacían referencia al mal estado de las infraestructuras de las prisiones de la Comunidad (hacía más de siete años que no se realizaba ningún tipo de inversión, a la espera de la apertura de la macrocárcel de Zuera), sino también a las condiciones de vida, vulneración del derecho a la salud, falta de actividades, destinos e incumplimiento del derecho a la excarcelación por enfermedad grave e incurable. Es decir, se denunciaba la falta de aplicación de las medidas de reinserción y resocialización a las que alude la legislación.

Ello da lugar a la visita de parlamentarios aragoneses la cárcel de Daroca, y tal vez conscientes de nuestra verdad siempre acallada, el Gobierno de Aragón concede a la ASAPA la medalla al Mérito Social; importante sobre todo porque a partir de ese momento el discurso criminalizador al que habían jugado tanto sindicatos de funcionarios, como muchos Directores de Prisiones, es un sapo que no les queda más remedio que tragar.

Hay dos lugares en la ciudad de Zaragoza donde se ha visibilizado en mayor medida la lucha anti-prisiones: la cárcel de Torrero y los Juzgados de la Plaza del Pilar; ambos, puntos de concentraciones y manifestaciones.

Concentraciones en la Cárcel de Torrero

Durante la década de los noventa hubo muchas concentraciones ante la cárcel de Torrero. Lo que pretendíamos era abrir el agujero negro, acercarlo, encender la luz, que cada vez más gente se parara a pensar que las personas presas están ahí tras los muros, que sienten y padecen además de la falta de libertad, situaciones insalubres, inhumanas, indecentes, a veces ilegales y siempre indignantes.

Ante sus puertas nos manifestamos por la excarcelación de los presos enfermos, por las muertes de presos que hubo dentro de prisión, por la reivindicación del cumplimiento de los derechos de las personas presas.

Los fines de semana, el grupo de familiares de la ASAPA subía a repartir información de la asociación y a compartir experiencias con otros familiares de personas presas.

También ahí se inició la campaña contra el régimen FIES-CD (Fichero de Internos de Especial Seguimiento. Control Directo). Este régimen se aplica a los presos y presas especialmente reivindicativos, y les obliga a estar aislados, con luz artificial durante veintiuna horas al día, con la correspondencia intervenida, desnudos integrales y cacheos sistemáticos, permanentes traslados de celdas y prisiones; es decir: destrucción psicológica, desorientación tempo-espacial y sistemática degradación.

Este régimen constituyó una de las mayores aberraciones humanas cometidas por el Poder, tras la Transición. Un sistemático ataque a la dignidad personal por quien tenía la obligación legal de velar, constitucionalmente, por los sometidos a su custodia: “La cárcel dentro de la cárcel”, así fue llamado este alegal régimen de vida impuesto a los disidentes y/o peligrosos para la Institución.
Concentraciones en los Juzgados de Plaza del Pilar

Nos manifestamos en varias ocasiones a la puerta de los juzgados para llamar la atención sobre la complicidad de los jueces de vigilancia penitenciaria con la situación de vulneración de los derechos dentro de prisión.

Hay que resaltar las concentraciones de apoyo durante el juicio contra integrantes de la ASAPA, con motivo del informe sobre la cárcel de Daroca. A estas concentraciones acudieron colectivos del resto del Estado, pertenecientes a la Coordinadora Estatal de Solidaridad con las Personas Presas, que dio lugar a su vez a un nuevo juicio por calumnias (contra una integrante de esa manifestación de la Coordinadora de Barrios, por portar una pancarta alusiva).

También recordamos las concentraciones por la excarcelación de las personas enfermas dentro de prisión, concretamente las que se convocaron por Valmes, una más entre tantas. El 22 de marzo de 1999 se incoó en el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Aragón, el expediente en el que se proponía la libertad condicional de Valmes, en aplicación de lo dispuesto en el art. 196.2 del Reglamento Penitenciario, artículo referente a la libertad condicional de enfermos/as muy graves con padecimientos incurables. Posteriormente y antes de que se resolviera dicha petición, Valmes fue trasladada desde el C.P. de Zaragoza a la prisión de Nanclares de Oca (Álava), desde donde el médico forense y con fecha de 22 de junio de 1999, remite un informe a la magistrada del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Aragón en el cual describe la situación de Valmes como de enfermedad muy grave en estado terminal. Sin embargo, el 9 de julio del mismo año, este Juzgado desestima la solicitud de libertad condicional ya que, según el Auto, “del informe remitido no se desprende que el estado de la enfermedad le haga en absoluto imposible la comisión de nuevos delitos, ni tampoco que exista riesgo inminente de muerte”. Poco tiempo después, es la propia Junta de Tratamiento del C.P. de Nanclares de Oca la que, al constatar la gravedad de la situación de Valmes, propone su excarcelación a un centro de enfermos del Comité Anti-Sida de Vitoria, donde Valmes muere el 4 de diciembre de 1999.

Para acabar, qué mejor que transcribir las palabras que en el décimo aniversario de la creación de la ASAPA dijo Pedro Santisteve, compañero profundamente comprometido con la lucha anti-prisiones en Zaragoza, que ha sabido mantener y compartir su ilusión por una vida sin cárceles ni represión:
“Queridas amigas/os: agradeceros vuestra presencia en esta cena asociativa. Nada tenemos que celebrar en este día, parafraseando a mi amigo Antonio Oriol, salvo el hecho de que estamos vivos; estar vivos ocupando un espacio social de forma libre y voluntaria lo que significa mantener, tras más de diez años de experiencia, nuestra memoria histórica.

Memoria acerca de cómo el poder pretende invisibilizar la pobreza y la miseria, recurriendo para ello una vez más a políticas segregativas; recurriendo al encierro, el secuestro legal, siendo nuevos protagonistas de esta nueva marejada punitiva, los desposeídos venidos de tierras no tan lejanas para nuestra historia y cultura.

Cárceles ocupadas, tras la transición, por hijos de nuestros migrantes: los venidos en los años sesenta del campo a la ciudad y nacidos en sus extrarradios, o los venidos de Europa tras las crisis del petróleo de los setenta; unos y otros anunciando el nuevo paradigma social, consumista: La heroína como mercancía total para cuya adquisición y consumo el sujeto hacía entrega de su tiempo total; que más podía pretender el sistema que la entrega de cuerpos y mentes a tan lucrativo destino.

Jóvenes para con los que el sistema social ejerció un cobarde y sistemático genocidio dejándolos morir de SIDA en las prisiones.

Memoria externa pero también interna: de nuestra inmadurez, inconsistencia, cobardía, debilidad al fin y al cabo, para asumir o encajar tanto sufrimiento ajeno como el que nos dejaron amigos como Ricardo Moreno, Francisco Romero, Miguel Ángel Bazos, Ángel Torrijos.

Sufrimiento pero, en cualquier caso, no estéril: hemos crecido, hemos ido siendo conscientes de que la apuesta era por las personas y no por nuestras particulares ideologías; en definitiva nos hemos ido haciendo mayores y hemos dejado de pensar en nosotros mismos.

Se han sabido aunar voluntades dentro y fuera de nuestra asociación sin pretender que ésta fuera modelo de nada ni para nadie; pese a ello hay que reconocer que sin quererlo lo ha sido: porque hemos intentado dejar al margen cualquier rasgo de sectarismo hacia modos de pensamiento diferentes, porque siempre hemos sido conscientes de nuestra provisionalidad asociativa: no pretendemos con nuestra acción más que mantener un espacio de experiencia y reflexión sobre la ineficacia, inutilidad y esterilidad de políticas punitivas sustentadas en la pena privativa de libertad como mecanismo de solución por excelencia de los conflictos sociales.

La ASAPA es lo que es gracias a la entrega y dedicación de personas que ya no están, pero que siempre estarán en nuestra memoria, como Jaime Gaspar o Eduardo Langarita.

Nuestro recuerdo también, aunque nos olvidamos de otros muchos, para Jorge y Nacho Barrios.

La ASAPA sigue ahí porque colectivos hermanos han sabido arroparla: gracias a Rebel, La Trama, CGT, La Revuelta, Comité Antisida, Radio Topo, El Cantero, Germinal, Tricoma y un largo etc.; gracias a la gente que ha apoyado las marchas contra la Macrocárcel, también a los que nos habéis hecho pasar buenos ratos (Parásitos, Chicharrica,…).

Deseo que este encuentro suponga al tiempo que un hermanamiento, un renovar nuestro compromiso en la lucha por una sociedad más justa y humana, sin muros ni prisiones que cerquen nuestro pensamiento y nuestras acciones.

Por ello os convoco a un brindis, “por la salud y la libertad”.

ASAPA

1 comentario

1 Commentario realizado

  1. fERNANDO julio 30, 2010 12:50

    Ideológicamente resulta convincente, pero vds suelen conformarse con una compensación económica para el preso cuando la administración pisa los derechos de estos. Aquí acaba todo, incluido su compromiso social. Falta coherencia

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