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SERVIDOR POPULAR DE INFORMACIÓN ELECTRÓNICA (SPIE) ARAGÓN

A finales de los años 80 Internet era un sistema de comunicación apenas conocido en universidades y centros de investigación, que compartía espacio con otros sistemas similares a través de los cuales los investigadores accedían a máquinas de manera remota e intercambiaban mensajes y ficheros. Su seña de identidad era la utilización de los protocolos TCP/IP, que permitían la interconexión de sistemas de comunicación independientes y distintos, situándolos en un espacio único de direcciones y nombres. A principios de los años 90 Internet había desbancado prácticamente a otros sistemas. En la Universidad de Zaragoza se disponía de los servicios de correo electrónico, acceso remoto y transferencia de ficheros. Los tiempos y ritmos de trabajo, de intercambio de información y contacto con colegas en países de todo el mundo comenzaron a acelerarse como nunca había sucedido. Procedimientos que duraban semanas podían resolverse en horas. Los repositorios de información accesibles 24h/365d comenzaban a hacer más fácil conseguir un artículo vía Internet que en la biblioteca de la Universidad o a través de los servicios de Documentación.
En la calle, ya años atrás habían comenzado a aparecer sistemas basados en la red telefónica convencional, a través de módems de baja velocidad, mediante los que colectivos diversos intercambiaban información generalmente en forma de revistas electrónicas. En todo caso eran sistemas desconocidos para la mayoría de la sociedad. La manera de interactuar era mediante órdenes textuales.

Las personas que utilizábamos Internet en la Universidad y que a la vez estábamos implicados en organizaciones o colectivos de acción social veíamos con claridad que se trataba de un espacio que ofrecía posibilidades impresionantes. Lamentablemente, cuando intentábamos explicarlo no nos entendía prácticamente nadie. Aun así, conseguimos convencer a algunos intrépidos de que utilizar estos servicios era interesante, y a la Universidad de que nos dejara utilizar una máquina, un punto de conexión, y un par de líneas de teléfono para permitir el acceso desde computadoras externas a la red corporativa. A este servicio comenzamos a denominarlo SPIE (Servidor Popular de Información Electrónica). Curiosamente, algunos compañeros de la Universidad Politécnica de Cataluña estaban haciendo exactamente lo mismo. Allí el servicio se denominó Pangea.

SPIE

En 1994 el Departamento de Defensa americano comenzó definitivamente el proceso de liberalización de la red. Comenzó la actividad de los denominados “proveedores de acceso”, empresas que contrataban conexiones de capacidad media y alta con las operadoras públicas y ofrecían acceso telefónico a particulares y pequeñas empresas. Por otra parte se generalizó el sistema de hipertexto que hoy conocemos como World Wide Web, que hacía muchísimo más fácil la visualización de contenidos. El número de máquinas conectadas a Internet y el número de usuarios había crecido siempre exponencialmente, pero a partir de marzo de 1994, el despegue fue de una magnitud nunca vista en la historia de ninguna tecnología. Paralelamente, algunos de los contenidos que SPIE albergaba provocaron las protestas de un grupo de ultraderecha. La Universidad por una parte solicitó la retirada de contenidos, pero por otra defendió públicamente la libertad de expresión afirmando que no haría ningún tipo de censura.

En todo caso vimos que era tiempo de cambio. Después de un proceso nada trivial, SPIE pasó en 1996 a ser una Asociación legal integrada por:

–    Acción Solidaria Aragonesa (ASA)
–    Aedenat-Ecofontaner@s
–    Caritas Diocesana de Zaragoza
–    Comité de Solidaridad Internacionalista
–    Comité de Solidaridad Oscar Romero
–    Fundación Ecología y Desarrollo
–    Ingeniería Sin Fronteras (ISF Aragón)
–    Intermón
–    Medicus Mundi Aragón
–    Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL)
–    Seminario de Investigación para la Paz (SIP)

Hasta treinta organizaciones y grupos llegaron a utilizar los servicios de SPIE aunque no formaban parte de la asociación como tal (FABZ, Asociación Aragonesa por la liberalización del Cáñamo, Huaiquipura, Movimiento Rural Cristiano, y un largo etcétera). SPIE se materializaba en una página-directorio que daba acceso a las páginas de cada organización. Al poco tiempo a este tipo de cosas se les pasó a denominar “portales”. Una de las primeras decisiones de la Asociación fue integrarse en la Association of Progressive Communications (APC). En APC estaban organizaciones pacifistas y ecologistas como Greenpeace; y era la organización reconocida por la ONU para la difusión de información sobre cumbres y eventos similares, a través de un complejo sistema de comunicaciones que iba mucho más allá de Internet, y que permitía difundir información en áreas complicadas, desde la selva amazónica hasta países bajo censura informativa. Más adelante SPIE se integró en otra supra organización estatal (IPANEX) junto a Pangea, Nodo50 y Xarxanet. Otra decisión importante fue buscar un acceso independiente de la Universidad. Se decidió utilizar los servicios de Pangea, que se había constituido en proveedor de acceso, y formaba ya parte de APC. SPIE pasó, de ser usuario, a socio más importante de Pangea hasta mayo de 2002. A partir de esta fecha y hasta su disolución, SPIE utilizó como proveedor de acceso Retebro, una cooperativa surgida del propio SPIE.

Fue aproximadamente en 2002 también cuando nos dimos cuenta de que SPIE estaba actuando como mero broker para conseguir acceso ventajoso a Internet para un conjunto de organizaciones. La actividad formativa y de coordinación de contenidos había pasado a un segundo plano. Las organizaciones integrantes y usuarias estaban ya demasiado pegadas al teclado enviando y recibiendo emails, o elaborando sus páginas web, como para ocuparse de otras cosas. En todas las organizaciones, mal que bien, había gente más o menos capaz de manejar ordenadores y conexiones. No hacía falta convencer a nadie de que Internet era importante. Entonces apostamos por transformar SPIE en un portal solidario. A finales del 2002 ya teníamos registrado el dominio www.solidaragon.org, y planteado el proyecto de un auténtico portal común que potenciara la presencia de los movimientos sociales en La Red.

Quizá era demasiado tarde. En Internet ya había muchos portales, muchos blogs, muchas redes sociales. Internet había explotado ya en un espacio social tremendamente complejo y dinámico. Entendimos que SPIE había cumplido sobradamente su papel, y el 15 de junio de 2004 la asociación  SPIE se disuelve.

Doce años en Internet son toda una historia. Fueron doce años pioneros, emocionantes. Sin embargo, la historia, sobre todo la historia pionera, suele contener elementos cuya importancia se descubre sólo muchas décadas más tarde. SPIE fue un laboratorio social, un espacio de discusión; y muchas propuestas no pudieron materializarse por dos motivos. Por una parte, el ritmo de asimilación tecnológica por parte de las organizaciones integrantes -que era el ritmo de la sociedad en general- era mucho más lento que la evolución de la propia tecnología. Por otra parte, y con un cierto componente paradójico, esas propuestas necesitaban una tecnología que en sí ya existía, pero cuya usabilidad era todavía un reto. Así por ejemplo, le pedíamos a Internet wikisy blogs cuando todavía no existían. SPIE pedía una Web 2.0 cuando la Web apenas despegaba. Esto no es extraño. Porque por un lado recelamos del progreso tecnológico y lo sometemos a crudos exámenes cual seres de una tribu primitiva, cinco mil años atrás, examinando los restos de una nave espacial en una película de Ciencia Ficción. Pero por otro, exigimos a la tecnología que sea más fácil, más omnipresente, más inmediata, más barata, más potente, y que nos libre de todo mal.

Me alegra poder colocar SPIE en el museo de esta iniciativa editorial que tiene mucho de “común”;  en ese “comunes” difícil de definir, como lo fue SPIE, pero que tiene que ver con lo alternativo, con lo no evidente, con lo solidario, con el respeto a toda forma de pensamiento humanizante. Pero que sea este un museo moderno, interactivo. Que se pueda pulsar un botón y ver qué sucede. Porque de hechos, ideas y mecanismos del pasado, colocados en nuevos contextos, surgen a menudo ideas nuevas y potentes. Y nuestro “común” solidario las necesita como nunca.

José Luis Briz

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