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CASA OKUPADA DE LA PAZ

Imágenes de La Casa Okupada de La Paz, en pleno centro de Zaragoza, se mantuvo activa desde el año 1987 hasta el 23 de diciembre de 1993, en que fué desalojada. Las movilizaciones y altercados tras el desalojo duraron varias semanas. Finalmente fué derruída y se construyó en el solar un centro de salud

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CASA DE LA PAZ

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CRÓNICA DE UN DESALOJO. AZAGRA

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FEMINISMO AUTÓNOMO EN LOS 90. EL CASO DE RUDA

Este artículo aunque escrito por una sola persona y por ello, basado en su memoria limitada, trata de contar el recuerdo de una experiencia colectiva de un puñado de mujeres, que hoy día seguimos considerando tan valiosa, útil y esencial en la identidad de la mayoría de aquellas que formábamos el colectivo Ruda.

No es mi intención hacer un recorrido de las muchas actividades realizadas dentro del colectivo, pero me gustaría contar cómo fue el comienzo de esta experiencia  para ubicarlo en el momento social en el que se fue desarrollando y también el deseo desde el que nacía como lugar de encuentro y lucha de mujeres.

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TRAYECTORIA POR LA LIBERACIÓN SEXUAL

Para mí, el recuerdo de mi trayectoria del “despertar político” está íntimamente  ligado a personas. Personas que conocí hace más de veinte años cuando llegué a esta ciudad procedente de una pequeña capital de provincia, como tantos otros y otras, para “labrarme un futuro”. La experiencia fue rotunda en todos los campos: saboreé la libertad que suponía una habitación propia, no tener la vigilancia estrecha de la familia, vermús interminables en los que “otro mundo era posible”, etc. También sufrí el desencanto de una Universidad en la que académicamente yo había volcado muchas expectativas, y también  me apunté a todos los actos reivindicativos acordes con mis ideas… pero sobre todo conocí a personas que abrieron mis sentidos y sembraron la necesidad de indagar y cuestionar. De algunas de estas personas me enamoré; casualmente eran mujeres como yo.
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CASA DE LA PAZ

Hablar de la Casa de la Paz es hablar de lo que sería uno de los referentes del naciente movimiento okupa en el Estado Español durante varios años y punto de encuentro de las más diversas tendencias de la alternatividad política zaragozana.
Fueron seis años de vida de un espacio que los que tuvimos la suerte de vivirlo, pese al tiempo transcurrido, no hemos olvidado. Un espacio donde mucha gente maduró políticamente y donde, aun con roces y desencuentros, se llevó adelante mucho trabajo en común. Un trabajo sorprendente donde confluyeron colectivos de lo más dispar.
Cuando en una tarde del doce de marzo de 1987 me llegó la onda de acudir a un abandonado edificio del paseo Sagasta 52, en el que habían entrado personas que conocía vagamente del movimiento ecologista y pacifista, los sones que me llegaron fueron los de un incipiente movimiento de recuperación de espacios que traía ecos de otras latitudes.
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UNA VISION (PARCIAL) DE LA OCUPACION DE LA CASA DE PAZ Y LA SOLIDARIDAD


La casa de Sagasta 52 se ocupó un viernes 13 de marzo de 1987,  justo un año después del llamado “referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN”, en el que casi siete millones de personas (6.872.421 exactamente) votaron No. ¿Dónde estarán hoy aquellos noes?.

El Ayuntamiento de Zaragoza, con el apoyo de la Delegación del Gobierno, la desalojó un jueves 23 de diciembre de 1993 y una tapia de ladrillos sustituyó a la valla enrejada de los años treinta. Entre 1988 y 1993, el Delegado del Gobierno en Aragón se llamaba Carlos Pérez Anadón. Desde 2007 es, entre otras cosas y precisamente, Concejal de Urbanismo, Vivienda, Arquitectura y Medio Ambiente y, por si fuera poco, Concejal Delegado de la Policía Local de Zaragoza.
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UN ESLABÓN PERDIDO ENTRE CADENAS

LA LLEGADA
Era febrero del 82 y acababa de llegar a Zaragoza desde las islas. Asuntos relacionados con la familia y las enfermedades la habían hecho desplazarse para una temporada. Ya era mayor, aunque no tanto, pero sí lo suficiente para haber dejado atrás algunas cosas; un matrimonio prematuro, el trabajo en el periódico que su padre dirigía, las decepciones causadas, algún reproche imposible de olvidar y la añoranza de los breves buenos años. De lo que trajo, solo mencionó a Albert, su hijo: diez años y casi todo por hacer.
Nada de lo que había encontrado al llegar le resultó inesperado: la madre con la enfermedad en la mirada, la casa desconocida y despegada, el tedio del paro, la busca infructuosa, en fin: la soledad. Leer mas…

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