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LA EDUCACIÓN DE ADULTOS EN EL CODEF COMO COMPROMISO


Era septiembre del año 80, una pareja llena de ilusiones, con la idea aquella de llegar a la más gente posible para lograr transformar el mundo, 25 y 23 años, es decir, para comernos el mundo a cachos.
Con el compromiso cristiano por bandera, junto a tantos otros…, nos llega la onda, “Hay una comunidad cristiana en la calle Terminillo, que tiene Educación de Adultos”.
Queremos conocer, ver el sitio. Una tarde nos acercamos a aquella casa de dos plantas de la Calle Terminillo, nos recibe un señor alto, serio, es cura; nos explica que hacen falta voluntarios para dar matemáticas, respuesta rápida, “ hombre yo, maestro de Ciencias…”
Empezamos a conocer gente variada, con mucha ilusión por enseñar, por participar, por impulsar algo distinto, nos sonaba aquello de Freire “labor de concienciación” “la pedagogía del oprimido”… bueno, en realidad somos de aquellos que nos tocó vivir el final de la dictadura y eso marca.
Lo que caracteriza aquellos años son las ilusiones puestas en la educación, el compromiso con la gente y la trasformación del entorno más próximo, como era y es, el barrio de Delicias, la necesidad de cambio que nos diera horizontes nuevos para ir caminando juntos; era un compromiso social y político que nos llevaba a organizar clases de adultos.
Pero en el barrio de Delicias, existían otros grupos, asociaciones, parroquias, etc., fue desde  la Guardería de Begoña, dirigida por la Compañía de María, que se plantearía dejar los locales para comenzar un curso de Cultura General, además del CODEF, calle Terminillo, donde se impartía Graduado Escolar libre, y allí los alumnos se presentaban en junio a examen.
La Cultura General era una cosa nueva, existía un método en la editorial Marsiega que se estaba experimentando en el barrio de Vallecas, Madrid; allá vamos un fin de semana a que nos pongan al tanto del método. Eran unos cuadernillos que abordaban varios temas de forma monográfica: el barrio, la ciudad, la persona, etc.
El grupo comienza en octubre, la matricula es de gente del barrio, hombres y mujeres que querían aprender, y los profesores varios. Existían dos grupos: había un curso de tarde que se realizaba en los locales de la Parroquia de Begoña, otro de noche en la guardería, fotocopias que se llevaba cada uno en una carpeta, tres días a la semana…
Luego, todo un entramado de reuniones de planificación educativa, que a muchos colegios les hubiera gustado tener, aquello de trabajar en equipo, decisiones en asamblea, bastantes debates y horas y horas, pero ¡qué ilusión!
Allí aprendí la memoria histórica de ahora, de nuestra Guerra Civil, leyendo con los alumnos Réquiem de un campesino español, de Ramón J. Sénder; aquello que nos decía el insigne Freire, que nos educamos todos, pues era verdad, las experiencias sobre la Guerra Civil, salían solas al comentar todo lo que le pasó a Paco el del Molino.
Pero el reto mayor que se nos planteaba era el barrio de Delicias, la participación junto con las asociaciones de vecinos en la lucha por un barrio más digno, con más servicios. En Delicias el movimiento vecinal es muy pujante, desde aquel local de la calle Zapata, pasando por la Asociación de Alférez Rojas, etc. También estaban las parroquias que aglutinaban a cristianos y cristianas preocupados por una educación y un barrio mejor, estaban los Clubs Juveniles de Begoña, Guadalupe, La Almudena, etc.
No obstante, volvamos sobre el Centro de adultos. Siempre he pensado que la organización es lo fuerte de un colectivo; la columna vertebral de dicha organización en aquel tiempo era Mario Cuartero, como he dicho antes, sacerdote entregado a la comunidad CODEF, quien junto con muchos voluntarios fundó aquello. Quizás no se haya hecho un reconocimiento explícito, pues no queremos significar a nadie, pero es humano reconocer quiénes ponen la primera piedra. Es verdad que sin las otras piedras el CODEF no existiría…. pero fueron los jesuitas quienes cedieron ese local y Mario quien, con mucha ilusión, echó a andar aquello.
El CODEF, ha sido, es, y será una escuela de participación social, las asambleas aquellas donde se pide la palabra, se escucha, se exponen los argumentos de cada uno, donde se extraen conclusiones y se vota, esto que ahora lo vemos tan normal, pertenece a la memoria colectiva, cuando se habla de educación de la ciudadanía activa, es justamente aquello que se hacía de forma ordenada.
El CODEF siempre ha ido por delante de las instituciones, dando respuesta a la sociedad que tenía enfrente. Se planteó tener una persona liberada que realizara las funciones de coordinación, vaya salto: en aquello que era todo un mundo educativo de voluntarios se plantea que una persona lo coordine. Por eso digo que siempre va por delante, lo que comenzó en 1981-82 fue el embrión de lo que ahora es el CODEF, con todos sus premios.
Se coordinaba la cultura general, la alfabetización, los neolectores, las actividades, las compras, las fotocopias, los voluntarios, los niveles, etc.
Había unos treinta voluntarios, que se agrupaban por niveles y áreas, por ejemplo matemáticas, lengua, sociales, esto en Graduado Escolar.
Fueron apareciendo niveles  de alfabetización, neolectores, cultura básica, talleres, etc., siempre partiendo de la realidad de los adultos que participaban en cada uno de los programas.
Pero aquello se nos quedaba escaso a varios niveles: por un lado no se podía realizar evaluación continua y en graduado todos los alumnos se examinaban en junio por libre, en algún centro del MEC. Por otro lado, las aulas eran pocas y pequeñas, con lo que teníamos que plantearnos unos locales y aparece la posibilidad de comprar una parcela de Martón y Gavín, dos calles más allá, cerca de Terminillo.
Bueno… , asambleas, de alumnos, de profesores, de todos con todos, un hervidero de posibilidades con un nuevo espacio.
Antes de seguir me referiré a quién estaba detrás de todo este entramado sociocomunitario de la educación de adultos del barrio de Delicias.
Siempre ha estado la Comunidad Cristiana, hombres y mujeres de la ciudad de Zaragoza, algunas del propio barrio, cuyo compromiso con los más pobres era a través de la educación, unos dando clases, otros implicados en tareas de gestión y coordinación, otros apoyando simplemente el proyecto de educación de adultos.
Después se creó la Asociación Codef, con sus estatutos, juntas, presidentes, convocatorias, etc, donde los propios alumnos podían pertenecer e involucrarse, por eso digo que es una escuela de participación, porque se aprende a ser corresponsable con las cosas de todos.
Sin la Asociación el CODEF no hubiera podido seguir ni se hubieran planteado las actuaciones que ahora se llevan, la dedicación de personas que, de forma voluntaria, poniendo su tiempo y su saber, fueron necesarias para la consolidación del proyecto CODEF.
He dejado en el tintero que los exámenes no se podían realizar en el centro, por la tanto se planteó la necesidad de buscar el reconocimiento por parte del MEC.
En aquel tiempo existían otros centros como el CODEF que tampoco tenían el reconocimiento: el Centro Picarral de Adultos, el colegio La Paz, en el barrio de Torrero un grupo de maestros y educadores habían iniciado una experiencia de adultos, existía el colegio Calasancio de la calle Sevilla, también, en otra época, un grupo de universitarios daban clases de adultos en las Josefinas, de la calle Duquesa de Villahermosa… Posiblemente habría otras experiencias, más bien anónimas.
Las conversaciones con el MEC fueron largas en el tiempo, eran momentos políticos de cambio, no nos olvidemos que en el 82 accede el PSOE al poder y antes, en 1978, en los ayuntamientos democráticos también había un gobierno municipal de izquierdas.
La directora provincial, Pilar de la Vega, a través de sus técnicos, se fue acercando al CODEF. La afinidad de ideas sobre la educación de adultos era plena y se reconoció al centro: ya podíamos hacer allí los exámenes, las evaluaciones podían ser continuas, un peso muy grande se les quitaba a los alumnos.
Contaré una anécdota personal, muy graciosa, que describe el entusiasmo y el compromiso que existía por parte de todos. Era el 11 de junio de 1983, el sábado marcado por el MEC para realizar los exámenes primeros de graduado escolar, ¡día grande¡. Venían a examinar a nuestros alumnos/as. Justamente aquel día, a las siete de la mañana, nació mi primera hija Alba, “ pero ¿qué hago Mari Carmen?,¡tengo los exámenes del CODEF!”. “Anda, vete, que la niña esta bien y la madre también”. Allí que me fui todo contento con mi hija recién nacida, veo a Mario y se lo cuento y no se lo creía…
Años trepidantes en el fomento de la educación de adultos. A nivel municipal se crean los Talleres de Promoción de la Mujer, dependientes de la Concejalía de Servicios Sociales, más tarde se creó la Casa de la Mujer.
Se establece, en el año 1983, la Universidad Popular, servicio del Ayuntamiento de Zaragoza para dar educación de adultos en los barrios de Zaragoza.
El MEC fomenta el debate y se presenta el Libro Verde de la Educación de Adultos, con aportaciones de colectivos, entidades, profesores y participantes de los diferentes proyectos a nivel estatal. Se fomentan jornadas, encuentros, experiencias, etc.
Todo eso ha quedado, han pasado varios años, pero aquella semilla llena de ilusión y compromiso está viva. Han pasado muchas personas a las que el CODEF les ha aportado no sólo conocimientos, sino un saber estar.
Los tiempos que trato de reflejar fueron años duros, políticamente hablando. Hubo un 23F  y quiero contar desde aquí como lo vivimos en el CODEF: una tarde de febrero las radios echaban humo, preparando unas fotocopias para dar al día siguiente en alguna clase, con Mario Cuartero. Nos asustamos, se suspendieron las clases y se cerró el centro, cada uno a su casa, la libertad estaba amenazada; aquello fue muy fuerte, pero es que la democracia estaba tan débil que no nos dábamos cuenta….
Se me agolpan los recuerdos, las sensaciones. Las vivencias fueron muchas y ricas aquellos inolvidables años de la educación de adultos en el barrio zaragozano de Delicias.
Las personas van pasando, pero los grupos, colectivos e instituciones, permanecen, siempre existe alguien que puede aportar su grano de arena, por pequeño que sea.
En la educación, lo importante no es acumular conocimientos sino tener la capacidad de resolver aquellos problemas que se nos pueden presentar.

Gerardo Alonso Ginovés

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